Un encuentro feminista que cambió la historia

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Hace frio. Muchiiisimo frio. Es octubre y esta temperatura en Argentina no es habitual. Jamás fui a un Encuentro Nacional de Mujeres. Se hacen desde 1986, el año en que nací. Es decir, el encuentro tiene mi edad o casi. Sin embargo, este es el primer año al que voy. Antes lo miraba por televisión, aunque es una manera de decir ya que los medios masivos apenas lo cubren o comunican hechos aislados, descontextualizados. Lo que suelen pasar son los destrozos del después de la marcha, como si eso fuera todo, los pedazos.

Ojo, tal vez eso es lo que venimos a juntar en los encuentros, los pedazos de nosotras mismas. Y no es algo que digo desde la victimización, sino con poder: ESTAMOS JUNTANDO NUESTROS PEDAZOS PARA HACER LA MARCHA DE MUJERES MAS GRANDE QUE ALGUNA VEZ SE VIVIÓ EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD.

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Hace frío. Decido llevar pocas cosas, y mucho abrigo. El encuentro es en La Plata, la ciudad más famosa del sur del Gran Buenos Aires, tanto, tanto que muchas veces se pensó trasladar la capital allí. Es una ciudad pintoresca, de avenidas anchas, diagonales, con edificios que se remontan a un Berlín soviético, cuyas calles no tienen nombres de personas, sino de número.

— ¿Cómo hago para llegar a la 1 y 55? –es una típica pregunta que se suele escuchar en las calles y no es la batalla naval.

—Y mirá, esta es la 63 y 1, asi que tenes que hacer cuatro cuadras para la derecha.

No quiero perder tiempo diciendo que viajamos en mi auto, que todo el camino fue bajo un diluvio que apenas me dejaba ver por el vidrio, pero que igual todo fue muy rápido y fluido. Como salimos a las 6 de la mañana del sábado, no nos agarró mucho tráfico. En una hora desde el centro de la Ciudad de Buenos Aires, llegamos a La Plata. Fui con dos amigas que admiro mucho y que conozco apenas hace un año.

Cuando llegamos al lugar donde me iba a hospedar con una de ellas –la mayoría de las encuentreras se alojan en colegios, hoteles, alquilan casas o las personas las abren para que pasen las noches allí- estaba todo inundado. Así que nos quedamos sin hospedaje. Como el Encuentro dura tres días y se caracteriza por ser autónomo, auto-convocado, democrático, autogestinado, federal y horizontal donde vamos a enriquecernos, formarnos, conocernos, debatir, participar de talleres y marchar, es muy recomendable tener un lugar calentito donde dormir y bañarte para así tener pilas recargadas Hay mujeres más jóvenes que no les importa mucho eso, pero pasados los 30 es un buen consejo.

Se trata de una experiencia inédita en el mundo.

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Al llegar, nos enteramos por WhatsApp que se canceló el acto inaugural, que iba a ser en el Estadio Único de La Plata, por “las condiciones climáticas”. Igual, se realizó una marcha, convocada por la Campaña Somos Plurinacional: una organización que impulsa el cambio de nombre del Encuentro por uno que incluya a las disidencias y a las naciones originarias. Desde este espacio, se busca que la identidad del tradicional evento pase a ser Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales y No Binaries.

Tenemos un rato antes de arranquen los talleres: el plato fuerte del encuentro. Son 87 espacios, donde se plantean ejes temáticos destinados a charlar, debatir, entre las encuentreras para luego llegar a conclusiones finales y tejer una red que consiga hacer cambios reales a nivel social e instalar las problemáticas en la agenda pública. Son en distintas aulas de las facultades de la Universidad Nacional de La Plata y en escuelas preuniversitarias.

No me decido muy bien a cuál ir. Todos son interesantes. Mientras tanto, nos vamos a desayunar a un departamento alquilado por una de las chicas para hacer tiempo. Es un piso hermoso, que da al Teatro Argentino de La Plata. La decoración parece sacada de la web de Casa Chaucha. Un azul sutil recorre la sala principal: el sillón, algunas sillas, algunos adornos. El color no sobrecarga, más bien equilibra.

Después de estar un rato ahí, con una amiga nos vamos a recorrer la plaza San Martin, punto de encuentro del encuentro (valga la redundancia). Ahí hay una feria de artesanías, productos temáticos del encuentro (pines, cuadernos, medias, bombachas, glitter, remeras, accesorios para el pelo y más), comida, puestos infomativos y mucho más. Aunque en este preciso momento sólo hay agua.

Diluvia tanto que les puesteros se meten como pueden debajo de sus carpas. Nos tapamos como podemos. Hay poca gente en las calles. Nos desilusionamos.

Cuando se hace la hora, vamos a la Facultad de Bellas Artes, donde mi amiga Mari quiere ponerse un puesto para vender sus libros El abrazo conjunto, de recursos artísticos para sobrevivientes de violencia sexual en la infancia y adolescencia. Pero llegamos y está cerrado. Asi que nos vamos para la Facultad de Trabajo Social. Ahí hay varios talleres relacionados con familia: maternidad, violencia obstétrica, mujer y cárceles, protocolos de género, no a la prescripción de delitos de abuso sexual en las infancias y adolescencias.

Son espacios muy amenos, en ronda, donde se habla de manera horizontal. Nadie está por encima de nadie. Cada asistente pide la palabra, comparte experiencias personales o su mirada desde su militancia social, según la temática que se trate.

Hago una recorrida por algunos. Como quiero tener una mirada más general del encuentro, no participo activamente en ninguno en particular. No se puede reproducir lo que se habla ahí porque es privado. Se debate por dos días y al momento del cierre multitudinario, que es el lunes, se dicen las conclusiones.

Son espacios muy poderosos porque los años demostraron que los temas que ahí se tratan con el tiempo fueron tomando fuerza para instalarse en debates sociales, parlamentarios y mediáticos, como sucedió con la despenalización del aborto.

Hay decenas de otros temas como lenguaje inclusivo, ESI, sexualidades, monogamia, niñeces, deconstrucción de cuerpos feminizados, infancias trans. También hubo talleres que la comisión organizadora las bajó a las categorías de charlas, pero que también tuvieron muchas concurrencia, como antiespecismo, cuerpes menstruantes, terapias alternativas.

Las salas tienen una participación mínima de cien participantes. En muchos talleres, las preocupaciones se repiten. Como venimos de años de patriarcado, donde las leyes y las normas eran instauradas por hombres, se dejaron de lado e ignoraron muchísimas cuestiones relacionadas con la mujer y las disidencias. Por ejemplo, en la mayoría de estos espacios se nota la preocupación de que estos temas no se encuentran en la agenda mediática ni pública.

—Como mujeres, es fundamental que nos informemos de lo que es nuestro cuerpo, dice una de las más de 150 asistentes del taller de maternidad- No puede ser que me enteré cuestiones fundamentales recién cuando estuve embarazada.

También se plantea la preocupación de que en las formaciones profesionales, desde médicas hasta abogadas, no hay una mirada de género. Al igual que la generación de leyes acordes y protocolos, sobre todo la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI). Como también se repite el tema del peligro al cual nos exponemos las mujeres cada vez que realizamos denuncias por acoso o hacemos escraches.

—Las mujeres somos las que solemos quedar expuestas. Corremos el riesgo de que nos amenacen o que nos van a difamar -aseguran en las aulas.

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Es increíble pensar que estas reuniones comenzaron con una asistencia de mil mujeres. En los últimos años, tenían un promedio de 15.000 a 20.000 y se estima que este año seremos más de 200.000 nos hace tomar consciencia de que en Argentina estamos haciendo historia.

“El Encuentro Nacional de Mujeres se remonta a la III Conferencia Mundial de Mujeres en Nairobi, Kenia, realizada en julio de 1985, organizada por las Naciones Unidas, para examinar y evaluar los logros del Decenio de la Mujer declarado en la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer llevada a cabo en México en 1975. El Foro de ONGs de Nairobi congregó a 15.000 mujeres de casi todos los países del mundo donde participaron un grupo de mujeres argentinas. Por otra parte, en los inicios de la década de los ’80 con el fin de las dictaduras militares en la región se iniciaron los Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe, siendo el primero en 1981 en Bogotá – Colombia.

Estos encuentros serán el antecedente más directo de los ENM porque como en Nairobi, quienes participaron regresaron con la inquietud y el deseo de llevar a cabo prácticas similares en el país. Para la organización de cada ENM, las mujeres de la provincia donde ese año se desarrollará el encuentro asumen la responsabilidad de garantizar todo lo necesario. Conforman una Comisión Organizadora (C.O.), que está integrada por mujeres organizadas o no, independientes, feministas, de partidos políticos, trabajadoras y desocupadas, de la provincia donde ese año se realizará el encuentro y mantiene el carácter de autónoma, autoconvocada, democrática y horizontal. Muchas de ellas son del Partido Comunista Radical. “Salimos a pedir aportes a colegios de profesionales, sindicatos, concejales, diputados”, explican desde la CO.

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Se hace de noche. Hay fiestas, peñas, ferias, lo que se te ocurra para hacer a la noche. Con Mari nos vamos a hospedamos en la casa de Julieta Añazco, quien muy generosamente nos ofrece quedarnos con ella y con parte de las mujeres que conforman el colectivo de la Campaña Contra La Prescripción de los Delitos de Violencia Sexual.

Julieta es una de las fundadoras de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina. Es una mujer muy tranquila, amorosa y sumamente luchadora. Ya escribiré una crónica de esa noche, donde contaré la maravilla de mujeres que son, ejemplo de lucha, resiliencia, como luces muy muy brillantes en medio de lo más oscuro de este sistema: que no sólo mira para otro lado el abuso de menores, sino que que se vuelve cómplice de perpetuar uno de los delitos más graves que se viven hoy en día . Antes de irnos a dormir, algunas cuentan que tienen pesadillas recurrentes, que se cruzan a sus violadores en las calles. Algunas los matan, otras se quedan estupefactas.

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Al día siguiente, me despierto con los besos en la cara, muy húmedos, de Rocko, el cachorro de dos meses de Julieta. Sigue haciendo frio y la bolsa de dormir en el suelo no ayuda. Desayunamos rápido y nos vamos a encontrar con otro colectivo de luchadoras: #PorLaRestitucionDeLosderechosDelProvolo. Se trata de uno de los casos de pedofilia por parte de la Iglesia más graves y cruentos del país que involucra a curas que abusaron sexualmente a centenares de niñas y niños sordomudos en las escuelas del Provolo, que funcionaban en Italia y Argentina.

Parte de estos hechos -como si fuera Spotlight- salieron a la luz en 2016, cuando en un acto público de niñes del colegio de Mendoza, una niña se animó a explicar con lenguaje de señas que estaba siendo abusada en el Provolo. Desde ese momento, las victimas se animaron a contar el horror. Los curas habían abusado de decenas de niñes. Ahora están siendo juzgados en Mendoza. Pero ahí no había comenzado la historia.

En los 80, el sacerdote Nicola Corradi, fue trasladado desde Italia, ya denunciado por casos de pedofilia en Verona dentro del instituto Antonio Provolo para niñes sordes, que dirigía. Para silenciarlo, lo trasladaron al sur. Bien, bien lejos, a un país llamado Argentina. Más específicamente a la ciudad de La Plata, donde hay una sede del Provolo. Luego, en 1998, lo trasladaron más lejos… a la provincia de Mendoza, Argentina, donde siguió cometiendo abusos en otra sede del Provolo, junto a otro cura, Horacio Corbacho.

Ahora, en este momento, frente a la esquina del colegio bordo que representa el horror, se conocen por primera vez, las victimas del movimiento #IglesiasSinAbusos de #LaPlata con las víctimas de Mendoza. Se abrazan, se dan fuerzas y hacen un escrache pacifico en la puerta del instituto de La Plata que sigue funcionando. La justicia argentina investiga lo sucedido en la ciudad de La Plata, pero aún no hay novedades.

Ellas pegan unos carteles con imágenes que niñas y niños pidiendo JUSTICIA en lenguaje de señas.

No sé cómo se hace para seguir adelante después de vivir en el infierno, pero lo hacen. Aprendo de ellas. Si ellas pueden levantarse, entonces todas podemos.

Nos vamos de ahí, para seguir con los talleres y prepararnos para la marcha más grande de la historia.

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La concentración es en la Diagonal 79 y la 1. Se dice que la marcha en algún momento se dividirá entre la Comisión Organizadora que no quiere cambiarle el nombre y la facción de Somos Plurinacional que quiere cambiarle la identidad al encuentro y abrirlo a las disidencias.

Las calles se colman de mujeres, pancartas, cantos, glitter, carteles pidiendo justicia, basta de femicidios, basta de violencia.

—ABORTO LEGAL EN EL HOSPITAL.

Somos cientos, miles, miles y miles. Se estima que somos más de 350.000. Marchan por las calles sindicalistas, autoconvocadas, militantes de distintos partidos, militantes contra la violencia animal, socorristas, gastronómicas, campesinas, defensoras del cannabis medicinal, abolicionistas, guerreras en lucha, la Campaña por el Aborto Seguro, Legal y Gratuito, disidencias, trans, no binaries. SOMOS TODAS, TODES, TODOXS. Y se nota. Es como ver un desfile del mundo que se viene, que somos. Es darte cuenta que somos parte de esa ola: SOMOS LA OLA.

Cada tanto, hay hombres, no son muchos. Pero hay. En general, muchos marchan con los partidos de izquierda. Una mujer le grita

—VIOLADOR –a uno.

La tienen que agarrar compañeras de la Campaña Nacional Yo Sí Te Creo para que no lo mate ahí mismo. Ese hombre violó a su hija, cuando tenía 15 años. Desesperada, no sabe bien qué hacer. Hasta que toma un megáfono.

—Fede Mendoza del MST violador –le grita.

“Todo eso que era fiesta, ahora es bronca y ganas de romper todo”, escribirá su hija Camila Milagros, al día siguiente en su Facebook. “No puede ser que los violadores marchen entre nosotras en nuestras calles. Ellos tienen que temblar, no mamá no yo, no de impotencia. Tienen que temblar de miedo, porque si sus partidos los siguen llevando a nuestros espacios, los iremos a buscar. Y si los violadores siguen marchando, ¡es mentira que estamos haciendo una revolución! ¡No saben la cantidad de machos que tenían!”

La marcha sigue. Tiene una extensión de tres kilómetros. Al final, un grupo de vandalistas escribe algunas pintadas. Van tapades. No se sabe si son hombres o mujeres. No se pueden ver.

Nosotras marchamos un poco con las socorristas que son las últimas de la marcha. Visten pelucas fucsias y llevan banderas del mismo color. Pensar que hace poco tiempo la palabra aborto era innombrable y que te pasen el contacto de alguien que te ayude era casi secreto. Pero hoy esta red de mujeres, que dan información -siguiendo los protocolos de la Organización Mundial de la Salud- y acompañan a mujeres y a otras personas con capacidad de gestar que han decidido interrumpir embarazos inviables para ese momento de sus vidas, son casi las más visibles.

Algunas terminan la marcha en la catedral. Otras antes. La joda sigue en una peña.

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Hoy lunes, me entero de las novedades en las redes sociales ya que nos volvimos a nuestras casas, después de la marcha. En el Estadio Único de La Plata, luego de algunos encontronazos, se votó por aplausometro (como todos los años) que la próxima sede será en la provincia de San Luis.

Por otro lado, el aplausómetro ovacionó el cambio de nombre.

—Consideramos que no sólo existe una identidad nacional argentina, sino que somos muchos pueblos originarios, migrantes, afro, mujeres de muchas identidades. No legitimamos el concepto binario biologicista de entender a hombres y mujeres, somos mujeres, lesbianas, travestis, trans, binaries y no binaries. Entendemos que todas las mujeres gritamos por las calles ayer plurinacional y de las disidencias. Por eso, finalmente hoy en el cierre vieron la cantidad de mujeres gritando que querían que se declare. Al principio fuimos ignoradas, nos apretujaron, compañeras se gritaron, pero se dieron cuenta del reclamo histórico y subimos al escenario y gritamos que el encuentro cambiaba de nombre. Yo soy quechua. Los pueblos originarios fueron invisibilizados, pero ahora lo hicimos y fuimos protagonistas nosotras las mujeres. Pudimos dar vuelta la historia. Somos mujeres plurinacionales y de las disidencias –afirmó una de las fundadoras de Somos Plurinacional.

Aún, de manera oficial no se ha confirmado el cambio de nombre. Y los medios comunican eso, la grieta, los hechos aislados, descontextualizados. Como si eso fuera todo, los pedazos.

Ojo, tal vez eso es lo que venimos a juntar en los encuentros, los pedazos de nosotras mismas. Y no es algo que digo desde la victimización, sino con poder: ESTAMOS JUNTANDO NUESTROS PEDAZOS PARA HACER LA MARCHA DE MUJERES MAS GRANDE QUE ALGUNA VEZ SE VIVIÓ EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD.