Sobre Irán en guerra y el factor Turquía

En Late hacemos periodismo del día después. Así que mañana iremos al terreno a través de Joaquín Sanchez Mariño y lo veremos en las redes de Late. ¿El día antes qué pasó?

Están pasando demasiadas cosas en esta guerra de escritorio, donde lo único que hay en el terreno son víctimas mortales y escombros, no hay tropas: es una guerra de digital warriors. Mientras se toman un café o se comen una porción de pizza eligen un objetivo, aprietan una tecla y disparan.

Hoy, miércoles 4 de marzo, entre tantos otros acontecimientos, un misil balístico lanzado desde Irán cruzó el cielo de Siria e Irak rumbo al Mediterráneo oriental. No llegó a su destino. Los sistemas de defensa de la OTAN lo interceptaron antes de que entrara en el espacio aéreo de Turquía. No hubo víctimas. Pero el episodio dejó una señal clara: el conflicto acaba de rozar a un país de la alianza atlántica.

Pero antes de que el bombardeo de mañana jueves tape el bombardeo de hoy quiero que nos detengamos a pensar dos cosas. Una es sobre Turquía y su rol clave. Y la segunda es que la guerra en Irán no es una novedad porque durante siglos, la guerra ha sido uno de los grandes arquitectos de Irán.

***

Turquía no es un actor periférico en esta crisis. Es miembro de la OTAN, alberga instalaciones militares estratégicas de la alianza y controla una posición geográfica que conecta Europa, Medio Oriente y el mar Negro. Un ataque directo contra su territorio podría activar mecanismos de respuesta colectiva que arrastrarían a otros países al conflicto.

Por eso, a diferencia de lo que ocurre en el Golfo, Irán ha evitado cuidadosamente atacar objetivos en territorio turco.

Si hay un país que Irán ha evitado atacar hasta ahora, es Turquía. Y si hay un país que puede convertir esta guerra regional en algo mucho más grande —o evitar que ocurra— también es Turquía.

Teherán ha lanzado misiles y drones contra bases estadounidenses y aliados regionales —desde Qatar hasta Bahréin o Emiratos Árabes Unidos— en una estrategia que busca elevar el costo regional de la guerra. Pero Turquía había quedado fuera de ese mapa de represalias.

El motivo es simple: atacar Turquía podría desencadenar una escalada impredecible. La estrategia iraní, si es que tiene alguna lógica, parece seguir una de “escalada controlada”.

Golpear donde el costo político o militar sea asumible. Presionar a aliados de Washington sin provocar una reacción que convierta el conflicto en una guerra mayor.

Por eso los ataques se concentran en el Golfo, donde los gobiernos que albergan bases estadounidenses suelen intentar contener la escalada.

Pero Turquía es otra categoría.

No solo es miembro de la OTAN: también posee una de las fuerzas militares más grandes de la región y mantiene una relación compleja con Estados Unidos, Rusia e Irán. Atacarla implicaría abrir un frente nuevo e imprevisible.

***

La relación entre Turquía e Irán es vieja y compleja.

Durante siglos, el Imperio Otomano y el Imperio Safávida libraron guerras por el control de Mesopotamia, Anatolia y el Cáucaso. Aquellos conflictos también tenían una dimensión religiosa: los otomanos eran suníes, los safávidas chiíes. Pero la historia empieza antes.

En algún momento del siglo XV, en las montañas húmedas del norte de Irán, un niño huye de sus enemigos. Tiene doce años. Sus seguidores creen que está destinado a reconstruir un imperio. Se llama Ismail.

A su alrededor comienzan a reunirse guerreros de distintos pueblos: turcomanos de Anatolia, persas de las ciudades, kurdos de las montañas, tribus nómadas del Cáucaso. En pocos años ese niño se convertirá en Shah de Irán.

Su ejército no se parece al de los imperios europeos. Es una mezcla de pueblos, lenguas y culturas. Persas, azeríes, kurdos, lurs, talysh. Esa diversidad será una de las constantes del país. Irán nunca fue una sociedad homogénea. Fue un mosaico. En 1514 ese mosaico se enfrenta a la mayor potencia militar del mundo musulmán.

En la llanura de Chaldiran, el ejército del shah Ismail carga a caballo contra los cañones del Imperio Otomano. Los jenízaros disparan mosquetes desde detrás de la artillería. Cada carga de caballería termina contra una pared de fuego y metal.

La derrota es brutal.

Pero el Estado persa no desaparece.

Durante los siglos siguientes, persas y turcos se enfrentarán una y otra vez por las mismas montañas, las mismas ciudades y las mismas rutas comerciales. Ninguno logrará destruir al otro. En 1639 firmarán el Tratado de Zuhab, que fijará una frontera que, con pequeños cambios, sigue existiendo hoy.

Una de las más antiguas de Medio Oriente. Ahí está mi compañero Joaquín ahora.

***

Desde entonces, Turquía e Irán han mantenido una relación ambivalente: rivales estratégicos, pero vecinos obligados a convivir.

En la actualidad, Ankara y Teherán compiten por influencia en varios escenarios.

En Siria respaldaban actores distintos (ganaron los que apoyaba Turquía).  En Irak mantienen redes políticas y militares rivales.  En el Cáucaso apoyan intereses opuestos.

Pero al mismo tiempo cooperan. Una cooperación old school: comparten comercio energético, mantienen relaciones diplomáticas estables y tienen intereses comunes en cuestiones como lidiar con el separatismo kurdo o la estabilidad de sus fronteras. Una “rivalidad gestionada”: competencia constante, pero sin cruzar la línea de la confrontación directa.

Ankara intenta ser una potencia, primero, y segundo una potencia bisagra entre distintos bloques geopolíticos. Turquía puede coordinar con la OTAN y, al mismo tiempo, mantener canales abiertos con Teherán. Puede negociar con Rusia y dialogar con las monarquías del Golfo. Pocos países en la región tienen esa combinación.

De hecho, el gobierno turco asegura que intentó frenar o retrasar el ataque estadounidense/ israelí contra Irán a través de contactos diplomáticos previos. El objetivo es evitar una guerra regional que podría desestabilizar su frontera oriental, interrumpir rutas energéticas y provocar nuevas olas migratorias.

El misil interceptado esta semana introduce una incógnita. Si fue un error de trayectoria, demuestra lo cerca que estuvo el conflicto de cruzar una línea roja. Si fue una señal deliberada, indica que Irán podría estar dispuesto a probar hasta dónde llega la paciencia turca.

En ambos casos, revela algo más profundo: la guerra está cada vez más al borde, está a punto de salirse del Golfo.

Ahora roza también el territorio de la OTAN. En cualquier caso, si tocan a Turquía se puede pudrir todo pero, al mismo tiempo, Turquía tiene una llave que ningún otro actor en la región tiene para mediar.

***

Irán está en guerra: no importa cuándo leas esto.

En el año 331 antes de Cristo, el ejército de Alejandro Magno cruza las montañas de Persia. El imperio aqueménida —uno de los más grandes de la antigüedad— se derrumba en cuestión de meses. Persépolis arde. El imperio desaparece. Pero Persia sigue ahí.

Siglos después llegan los árabes. En el siglo VII, los ejércitos del nuevo islam derrotan al imperio sasánida. Persia pierde su religión oficial, pierde su dinastía y pierde su imperio. Pero no pierde su lengua ni su cultura. Los conquistadores terminan escribiendo poesía en persa.

En el siglo XIII llegan los mongoles. Luego el imperio safávida. Luego el Tratado de Zuhab.

En el siglo XIX aparecen nuevos imperios. Rusia avanza desde el norte. Gran Bretaña presiona desde el sur. Persia se convierte en un tablero del Gran Juego, la rivalidad geopolítica entre ambas potencias. Otra vez el país queda atrapado entre imperios.

En 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, tropas británicas y soviéticas invaden Irán para asegurar rutas de suministro y petróleo.

En 1953, un golpe apoyado por Estados Unidos y el Reino Unido derriba al primer ministro Mohammad Mossadegh, quien había nacionalizado el petróleo iraní, que hasta entonces estaba controlado por la Anglo-Iranian Oil Company.

Entonces vuelve El Shah, Mohammad Reza Pahlavi. Viene la «Revolución blanca»: industrialización, voto femenino, expansión urbana, boom económico petrolero. Teherán se convierte en una ciudad moderna, llena de universidades, autopistas y edificios nuevos. Pero al mismo tiempo el régimen se vuelve cada vez más represivo: persiguen a islamistas y a marxistas.

En 1979 estalla la Revolución Islámica. El sha cae, el ayatolá Ruhollah Jomeini regresa del exilio y nace la República Islámica. Irán pasa de aliado estratégico de Washington a enemigo declarado de Estados Unidos.

En 1980 comienza una de las guerras más largas y sangrientas del siglo XX. Irak invade Irán. La guerra dura ocho años. En Estados Unidos se elogiaba a Sadamm Hussein por enfrentarse a sus enemigos iraníes. Trincheras que se extienden por cientos de kilómetros. Misiles cayendo sobre ciudades. Ataques con armas químicas. Cientos de miles de muertos.

La guerra termina en 1988, pero el país sale de ella transformado: más militarizado, más aislado y con una generación marcada por el conflicto.

Desde entonces, Irán ha buscado el desarrollo nuclear porque no hay nada más disuasorio que ser peligroso y ha librado otras batallas, muchas veces indirectas: en Líbano, en Siria, en Irak, en Yemen, en Gaza. Conflictos que mantienen al país en un estado de confrontación permanente con Arabia Saudita pero sobre todo con Estados Unidos y en especial con Israel.

Hay quizás una certeza inconsciente en la resiliencia de las mujeres obligadas a usar velo y en los y las intelectuales obligados a callarse durante la revolución que comenzó en 1979: esto también pasará. Esto también cambiará. Irán cambia a través de las guerras. Y ahora está cambiando otra vez. Puede volver el hijo del shah o imponerse el hijo del ayatollah. Puede cambiar la bandera, la ideología o el régimen. Pero Irán no es un invento contemporáneo. No nació de los trazos coloniales del siglo XX que dieron forma a varios países de la región. Es un país y no un régimen: siglos aprendiendo a sobrevivir entre imperios, siglos cambiando de hegemonía.

En esa franja de tierra entre Anatolia y Persia, donde hoy un misil iraní casi entra en el espacio aéreo de la OTAN, los imperios llevan más de cinco siglos midiéndose. Los imperios de ahí y los que vinieron de otras latitudes.

Y justo ahí —en esa frontera donde la historia rara vez descansa— Joaquín mañana nos va a contar qué está pasando.

Para seguir leyendo
Manifestantes realizan un performance contra la guerra en Berlín. Foto: Dahian Cifuentes

Berlín no se lava las manos

Frente a Brandeburgo, entre banderas palestinas, policías y turistas, la calle compone una escena donde la guerra también necesita disfraces para seguir administrando impunidad.

El taller «Contar un mundo en guerra» comienza el 14/4

Seis semanas junto a reporteros y especialistas que cubren los conflictos del presente en distintos puntos del planeta.

Masterclass de Late en el PampaDocFest en Colonia Santa Teresa, La Pampa

Revista Late llega a La Pampa, Argentina, para participar de la 5ta edición PampaDocFest. Daremos una masterclass y llevaremos nuestras revistas impresas.
Scroll al inicio