Jin jiyan azadî, la batalla kurda por preservar la lengua

Kefa en clases de kurdo, Rojava, 2023. Foto: Mauricio Centurion
Kefa en clases de kurdo, Rojava, 2023. Foto: Mauricio Centurion

El pueblo kurdo vuelve a luchar por lo más básico: hablar su idioma. Después de doce años de una revolución que devolvió su lengua nativa a las aulas, el nuevo escenario político tras la caída de Al-Asad en 2024 pone en jaque la autonomía del norte de Siria. El gobierno de transición de HTS busca imponer el árabe y el inglés, relegando el idioma local a una materia marginal de dos horas semanales.

Nombrarte en un idioma que no es el tuyo; pedir ayuda o auxilio en la lengua de otro; decir «te quiero» o nombrar las cosas que te gustan y tus enojos en una lengua que no es la nativa nunca suena igual, ni te expresa del todo. No comprender la lengua que hablan en secreto tu abuelo y tu abuela; fundirte con canciones que escuchas desde niña pero cuyas letras no entendes. Querer aprenderla porque alguien te dijo que en algunos sótanos la enseñan; saber también que muchos cantantes, poetas y periodistas fueron presos y torturados por difundirla, y algunos, solo por hablarla.

Escuela dentro del campo de refugiados kurdos de Afrin, Sheba, Siria 2023. Foto: Mauricio Centurion
Clase de kurdo en Afrin, Sheba, Siria 2023. Foto: Mauricio Centurion

Cuando se prohíbe la lengua madre, se confiscan las tierras, se niega el uso de la ropa típica y se prohíbe cantar y bailar la propia música, lo que se busca es aniquilar la memoria cultural; cortar las ramas identitarias que te sostienen como pueblo. Te vuelven extranjero en tu propia tierra.

Durante más de 50 años, el régimen sirio del partido Baaz impuso el nacionalismo árabe y prohibió por completo el idioma y la cultura kurda bajo amenaza de severos castigos. Esta opresión total se revirtió en 2012 gracias a la revolución de las mujeres, que lograron la recuperación de su identidad a través de la reintroducción del idioma kurdo en las escuelas, las oficinas públicas y los medios de comunicación.

Reaprender tu lengua; ver la sonrisa de tu abuela al hablar su idioma en la vereda y a los gritos; escucharte en la radio y la televisión; lograr que en la escuela el pizarrón sea tu espejo. Entender que, en tu lengua, «mujer» y «vida» tienen la misma raíz etimológica. Lo que antes te generaba vergüenza y miedo, comenzó a darte orgullo.

Jin (mujer) jiyan (vida) azadî (libertad) es el lema de lucha de las mujeres kurdas. Alepo, Siria, 2023. Foto: Mauricio Centurion

Hoy, el pueblo de Rojava vuelve a estar en las calles con carteles que dicen: “No hay vida sin lengua (Bê ziman jiyan nabe)”. La decisión del gobierno de transición de excluir el kurdo de los edificios públicos ha reactivado la movilización popular en toda la región. La sociedad civil deja claro que no dará un paso atrás: el futuro de Siria exige el reconocimiento constitucional de su lengua, o de lo contrario, se enfrentará a la resistencia de un pueblo que ya sabe que la palabra libertad, en kurdo, suena diferente.

Estudiantes en el campo de refugiados kurdos de Afrin, Sheba, Siria, 2023. Foto: Mauricio Centurion

Niño de la comunidad Kurda koçer (nómades) hace la tarea en el patio de su casa. Rojava, 2023. Foto: Mauricio Centurion
Niño de la comunidad Kurda koçer (nómades) hace la tarea en el patio de su casa. Rojava, 2023. Foto: Mauricio Centurion

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