| marzo 2021, Por Mónica Rivero Cabrera

Las piedras de Instagram

Quiero contarte lo que me pasó haciendo turismo en Arizona. Y por qué ahora todo está pensado para postear en Instagram.

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“Dame tu teléfono”, dice el guía. Y lo que parece una instrucción policial es en realidad un gesto de servicio antes de que comience el recorrido por Lower Antelope Canyon, en el norte de Arizona. 

El guía solo quiere optimizar los parámetros de la cámara del celular para que cada visitante saque el máximo provecho a los colores y la luz. Se llama Ian Johnson, pero es de la nación Navajo, una “reserva india” que él llama “mi cultura” y que se extiende por territorio de Arizona, Utah y Nuevo México, según un mapa político invisible, anterior al concepto moderno de nación y a los propios mapas políticos. 

Johnson va a contar algunas cosas sobre las rocas del cañón, cómo es que el agua y los siglos fueron moldeándolas hasta que quedaran como las vemos ahora; pero su verdadera experticia radica en tener bien ubicados a lo largo del recorrido los mejores puntos para las selfies, para fotografías en general. A sus veintitantos, es guía turístico de la cueva y en ella es también una especie de fotógrafo de eventos sociales, director de videoclips, maestro de ceremonias de la proyección en redes virtuales. Ian domina el set, conoce los secretos para su composición. Lo esencial de la experiencia son los insumos redituables para Instagram, no la visita en sí misma.

De tanto haberla mirado y caminado, ha encontrado en las angostas galerías un jefe indio, una ballena, un león y un águila; a veces de roca; a veces del cielo visible que deja la roca. “Todos son hallazgos míos”, nos dice, y aconseja los mejores ángulos para la foto. 

El producto “visita a la cueva” ofrece a través de él una guía más técnica y dramatúrgica para dueños de teléfonos y perfiles sociales, que informativa para personas. Pruebas de filtro, enfoque, duckface on y off en esta cueva convertida en otro plató. Es justo que así sea: es lo que la clientela desea, excepto los mayores del grupo, boomers que se quejan discretamente de lo lento y fragmentado que se hace el recorrido al invertir tanto tiempo en hacer fotos. Me lanzan una mirada cómplice y como en un suspiro levantan las cejas, ese gesto universal.

En fin, mi celular era de 2016: cuando Johnson lo vio ni se tomó el trabajo. Pero el resultado de todo fueron fotos como estas, que tomó mi amiga Nera Valentic:

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