Dunkerque: la descarbonización que nunca llega
Entre la crisis del acero y las dudas estratégicas, ArcelorMittal, número uno de la siderurgia en Europa, retrocede en su proceso de descarbonización.
Un artículo publicado también en la edición 72 de Socialter, en octubre de 2025.
Esta investigación está en proceso: presentamos aquí un adelanto en dos partes del material que formará parte de un libro previsto para 2026.
Texto: Coline David
Fotos: Berta Vicente Salas
La noche cae sobre Dunkerque. Un espeso humo negro se escapa de uno de los altos hornos de ArcelorMittal. Apostado sobre el dique que separa la acería del mar del Norte, Bernard, con treinta años de fábrica a sus espaldas, observa la escena. “Lo que sale de ahí son porquerías”, suspira.
Esas humaredas negras, cargadas de partículas finas muy nocivas para la salud, también contienen CO₂ —y no en pequeñas cantidades—. Solo las plantas de ArcelorMittal en Dunkerque y Fos-sur-Mer emitieron más de 12 millones de toneladas en 2024, es decir, cerca del 20 % de las emisiones industriales de Francia, según la Red de Acción Climática (RAC).
Este espectáculo nocturno no es más que un fragmento de un cuadro mucho más amplio: cada año se producen cerca de 2 000 millones de toneladas de acero en el mundo, generando entre el 7 % y el 9 % de las emisiones globales de CO₂, según World Steel. A la vez maleable y resistente, este material está por todas partes: en nuestros electrodomésticos, autos, envases, en la construcción o el armamento. El acero también es indispensable para la transición energética: está presente en los paneles solares, las turbinas eólicas y los autos eléctricos.
Una extraña paradoja: mientras ayuda a reducir nuestras emisiones, su producción sigue siendo extremadamente contaminante. Por eso esta industria está en el centro de los planes de descarbonización europeos.
Para alinearse con las ambiciones climáticas del Pacto Verde Europeo(1), los siderúrgicos del continente apuntan a reducir sus emisiones un 30 % de aquí a 2030 y alcanzar la neutralidad de carbono en 2050, según Eurofer, el lobby del acero europeo.
Son objetivos que ArcelorMittal se enorgullece de liderar, presentándose como punta de lanza de la transición energética del sector. La presión es enorme: el precio de los derechos de emisión (2) no deja de aumentar y, en una década, la Unión Europea ya no entregará cuotas gratuitas. En consecuencia, sin descarbonización, el costo del carbono será insostenible y podría comprometer la producción de ArcelorMittal en el continente. Sin embargo, a medida que se acercan las fechas límite, las promesas del gigante del acero europeo se tambalean. ArcelorMittal avanza un paso y retrocede tres, poniendo en peligro el clima, los empleos y el futuro de la siderurgia europea.
Los despidos
En una casa al sur de Dunkerque, Gaëtan Lecocq alterna entre su bebé recién nacido y las reuniones por Zoom. Dirigente sindical de la CGT, acaba de convertirse en padre de una niña llamada Victoire —un nombre que no es casual—. Desde hace meses, lucha por salvar los empleos amenazados en su planta. En abril pasado, ArcelorMittal anunció la eliminación de 636 puestos —ajustados luego a 608 en mayo—, la mitad en Dunkerque. Para el sindicalista no hay dudas: “Si caen los primeros 600, será un efecto dominó… y es para destruirnos”, advierte con labios temblorosos. “Aquí, una de cada cinco familias vive de ArcelorMittal. Si la planta cierra, será un tsunami social, económico e industrial.”
¿Cerrar Dunkerque? “¡Es completamente absurdo!”, exclamó el director de ArcelorMittal Francia ante los diputados el 9 de julio. Según él, el plan social se justifica por “pérdidas de explotación” en los sitios afectados. Un argumento que indigna a Gaëtan: “¡Mi empresa está sana!”, insistió.
Las cifras mundiales parecen darle la razón: la multinacional superó los mil millones de euros en beneficios el año pasado, un aumento del 45 % respecto a 2023. Pero ese resultado se apoya sobre todo en sus plantas de India, México, Brasil y Estados Unidos. En Europa, las fábricas luchan por mantenerse competitivas, lastradas por la crisis del acero.
El diagnóstico es contundente: la producción de acero en la Unión Europea ha caído un tercio desde 2008. En treinta años, los siderúrgicos chinos —masivamente subvencionados— multiplicaron por diez su capacidad y hoy fabrican más de la mitad del acero mundial. Incapaces de absorber todo su stock internamente, exportan a precios de derribo, debilitando a los productores europeos. A ello se suma el desplome de la demanda local: desde la pandemia, la construcción y la automoción —dos sectores clave— funcionan a medio gas. Más recientemente, la escalada de los precios de la energía y los aranceles impuestos por Donald Trump aumentaron la presión sobre una industria ya exhausta.
En ese contexto, ArcelorMittal ha suspendido —e incluso cancelado— sus proyectos de descarbonización en Europa, pese a los miles de millones de euros prometidos por los Estados. En Francia, el plan incluía la construcción de una unidad de reducción directa (3) de mineral de hierro (DRI) y dos hornos eléctricos, por un total de 1 800 millones de euros, de los cuales casi la mitad financiados por el Estado. La congelación del proyecto, en noviembre de 2024, generó una gran preocupación entre los trabajadores: “Sin descarbonización, estamos condenados”, lamenta Gaëtan Lecocq.
Los desafíos del acero verde
Los objetivos climáticos de la UE obligan a los siderúrgicos a dar un giro: producir “acero verde”, es decir, descarbonizado. Pero ¿cómo hacerlo?
Primero hay que entender de dónde proviene la contaminación. En las acerías, los altos hornos a carbón, que transforman el mineral de hierro en arrabio (acero líquido), son responsables del 90 % de las emisiones del sector. La buena noticia es que se puede producir sin ellos.
El camino más ecológico es el reciclaje, que reduce las emisiones entre un 70 % y un 90 % en comparación con los altos hornos. La chatarra se recoge, se clasifica y se funde en hornos de arco eléctrico (EAF). Ya representa un tercio de las materias primas metálicas en la producción mundial y debería llegar al 45 % para 2050, según la Agencia Internacional de Energía (4). Pero el volumen disponible de chatarra no alcanzará para cubrir la demanda global, y ciertos usos —como el automotriz o los envases— requieren aceros muy puros, difíciles de obtener mediante reciclaje. La producción secundaria de acero, por tanto, es esencial, pero insuficiente.
Entonces también habría que descarbonizar la producción primaria a partir del mineral de hierro. ¿La solución? La reducción directa del mineral (DRI), realizada con gas natural o hidrógeno. El DRI se funde luego en un horno de arco eléctrico, generalmente mezclado con chatarra. Pero con el gas natural, la descarbonización es parcial y sólo rentable en zonas con abundantes recursos, como Oriente Medio o Estados Unidos. El verdadero avance viene del hidrógeno verde, que permitiría emisiones casi nulas. Pero tiene un obstáculo mayor: la electricidad. Se necesitan cantidades astronómicas. En Dunkerque, para mantener la producción actual de 7 millones de toneladas anuales con el proceso DRI-hidrógeno + EAF, haría falta el equivalente a dos reactores nucleares de nueva generación (EPR) (6).
Sin embargo, la construcción de un reactor de este tipo cuesta varios miles de millones de euros y lleva entre quince y veinte años, por lo que Francia está lejos de poder producir acero verde a gran escala por esta vía. En cambio, en un país como Suecia, rico en energía verde gracias a la hidroeléctrica, varias empresas ya están pasando a la acción. Stegra, la más ambiciosa, tiene como objetivo producir 5 millones de toneladas de acero verde al año para 2030. En Francia, en Fos-sur-Mer, GravitHy está desarrollando un proyecto de menor envergadura.
ArcelorMittal pisa el freno en Europa: ha archivado sus proyectos DRI. En Francia, se limita por ahora a construir un horno eléctrico en Dunkerque…supeditado a medidas proteccionistas de la UE. De hecho, amenaza con no realizar esta inversión si Europa se demora en limitar sus importaciones de acero.
Marcel Genet, fundador de Laplace Conseil y experto del sector, considera esta decisión realista: Francia aún no tendría la infraestructura eléctrica necesaria para un modelo así. Otros, sin embargo, ven en este repliegue un riesgo geopolítico: “Si no producimos DRI, habrá que importarlo de Estados Unidos o de Oriente Medio. En el mundo actual, perder parte de la cadena industrial es un problema”, advierte un consultor del sector siderúrgico que prefiere mantener el anonimato por su colaboración ocasional con ArcelorMittal.
Retroceso en materia climática
Christophe camina nervioso a lo largo de la valla que separa el complejo industrial de la carretera. “Todo ahí dentro está podrido”, dice el obrero. En treinta años de oficio ha visto deteriorarse las instalaciones: “Todo se sostiene con andamios. Parches por todos lados.” Esta falta de mantenimiento no solo reduce la productividad, también pone en riesgo a los trabajadores: “A comienzos de julio [2025], en mi sector, tuvimos que evacuar por una fuga de gas. ¡Podríamos haber muerto!”, se indigna.
Los incidentes se multiplican. En 2023, el alto horno n.º 4 se fisuró y provocó un incendio. Este año, en enero, ardió la coquería. No hubo víctimas pero eso muestra muestra el deterioro de las infraestructuras. Nada sorprendente para Thomas*: “Europa ya no es una zona de interés [para ArcelorMittal]. Explotan las plantas hasta el límite porque no pueden desentenderse de golpe: son demasiado grandes.”
Todo parece indicar que Europa ya no es una zona de interés para ArcelorMittal. La empresa está explotando al máximo sus fábricas, ya que no puede retirarse de la noche a la mañana.
Desde su creación en 2006, el grupo ha cerrado varios altos hornos y acerías en Gandrange, Florange, Cracovia… “Su producción de acero en Europa cayó un 45 %, más que la de cualquier competidor”, precisa Marcel Genet. Aun así, la empresa insiste en que quiere permanecer en Europa y su director en Francia lo repite: “La deslocalización de la producción europea no está sobre la mesa.”
Mientras Europa se oxida, los miles de millones se van a otros lugares, lejos de las restricciones climáticas y sociales. En Hazira, India, ArcelorMittal, junto a Nippon Steel (AM/NS), está por inaugurar dos altos hornos a carbón: forman parte de una inversión de 6 500 millones de euros para aumentar la producción de 9 a 15 millones de toneladas en 2026. Y no se detendrán ahí: su meta es alcanzar una capacidad de 40 millones de toneladas anuales. Su estrategia india parece más “todo carbono” que “cero carbono”. No es de extrañar que India esté ausente de los informes climáticos de ArcelorMittal…
La distancia entre los compromisos verdes del gigante del acero y sus acciones reales es abismal. Entre 2021 y 2024, el grupo solo invirtió 800 millones de dólares en descarbonización: una gota en comparación con los 5000 millones prometidos para 2030. Resultado: desde 2018 (año de referencia), las emisiones globales del grupo solo se redujeron un 5,4 % a nivel mundial (5) y un 5 % en Europa, cuando las metas eran del –25 % y –35 %, según Steel Watch, la ONG que monitorea las prácticas del sector (7). La organización advierte: a este ritmo, la empresa quedará muy lejos de sus propios objetivos climáticos, ya de por sí insuficientes para limitar el calentamiento a 1,5 °C.
¿Hay que “hacer metal sin Mittal”? Emmanuel Macron rechaza la nacionalización; la derecha está dividida, mientras sindicatos y partidos de izquierda la apoyan en distintos grados.
Para la CGT, es “la única solución”, opinión compartida por el Partido Comunista (PCF), La Francia Insumisa (LFI) y el diputado François Ruffin. En junio, la diputada LFI Aurélie Trouvé incluso presentó un proyecto de ley en ese sentido. Los ecologistas y socialistas, en cambio, proponen una intervención estatal más gradual. Los verdes defienden una “gestión pública excepcional”, es decir, un control temporal del Estado para salvar empleos y salir de la crisis.
El Partido Socialista sostiene la misma lógica y subraya la condicionalidad de las ayudas públicas: “Podemos vincular cada euro de ayuda estatal a la participación accionaria del Estado en el grupo”, explicó Julien Gokel, diputado socialista del Norte, a Socialter. El objetivo: otorgar al Estado poder de control sobre el uso de los fondos. Pero, para él, la prioridad sigue siendo la aplicación rápida del plan europeo del acero.
Europa, parte del problema
“La UE debe apoyar con fuerza y sin demora al acero”, advirtió el eurodiputado centrista Christophe Grudler, uno de los más implicados en el tema. Para él, el plan siderúrgico presentado por la Comisión Europea en marzo de 2025 –la reducción de las importaciones de acero en la UE garantiza a los fabricantes energía limpia y asequible y combate la fuga de carbono (8)– “va en la buena dirección”, pero su aplicación “es demasiado lenta”. Mismo diagnóstico entre los industriales: ArcelorMittal condiciona su descarbonización a que las importaciones de acero se limiten al 15 % de la demanda europea. El Ministerio de Economía francés apoya a la empresa y presiona a Bruselas para conseguirlo.
Europa también se encuentra en una encrucijada en lo que respecta a su política climática. Las empresas siderúrgicas reclaman una aplicación rápida y reforzada del mecanismo de ajuste del carbono en las fronteras (MACF), previsto para 2026. El MACF pretende ser una herramienta de justicia económica: gravar las importaciones procedentes de países que no limitan sus emisiones. Sobre el papel, la idea es clara: proteger a los productores europeos sujetos a cuotas de carbono. En la práctica, el dispositivo es insuficiente: solo afecta a seis productos, entre ellos el acero. El resultado es que se gravará el acero chino, pero no los automóviles chinos, que seguirán compitiendo con la producción europea y, por ende, penalizando al acero local. La presión aumenta… frente a una Europa «perdida en la transición», según el experto industrial Olivier Lluansi. Advierte: «Su proyecto de ajuste del carbono en las fronteras, fácilmente eludible y difícilmente controlable, nació en un mundo simbolizado por el Acuerdo de París, un mundo colaborativo que ya no existe».
Eric Bergé, jefe de proyectos de industria pesada en Shift Project, un think tank especializado en descarbonización, no comparte esta opinión. El ingeniero apoya el MACF y aboga por su ampliación a los productos terminados —automóviles, electrodomésticos, etc.— con el fin de limitar las fugas de carbono. La principal dificultad sigue siendo política: obtener una mayoría europea para que se apruebe esta ampliación. Tanto a nivel regional como nacional, el reto es grande, pero existen soluciones para salvar la siderurgia y el clima. Solo falta el valor político para comprometerse plenamente con ellas.
(1) El Pacto Verde para Europa fija el objetivo de una reducción de al menos un 55 % de los gases de efecto invernadero con respecto a 1990 de aquí a 2030 y la neutralidad de carbono de aquí a 2050.
(2) Una cuota de carbono es el derecho a emitir una tonelada de CO₂. En el mercado europeo de carbono (EU-ETS), las cuotas se atribuyen a las empresas y pueden intercambiarse entre ellas. Para alcanzar sus objetivos climáticos, la UE reduce progresivamente su número, lo que hace aumentar su precio.
(3) Una unidad de reducción directa de mineral de hierro (DRI) es una instalación industrial que utiliza gas natural o hidrógeno para reducir el mineral de hierro sin pasar por un alto horno. El hierro prereducido se funde luego en un horno eléctrico para obtener acero. Gracias a esta tecnología, las emisiones de CO₂ disminuyen un 40 % con gas natural y hasta un 90 % con hidrógeno verde, en comparación con los altos hornos.
(4) “Iron and Steel Technology Roadmap”, Agencia Internacional de la Energía, octubre de 2020.
(5) A causa del crecimiento constante de la demanda de acero y del desfase entre la puesta en servicio de los productos y su reciclaje.
(6) Estimación para una producción de acero 100 % primaria a partir del método H₂-DRI-EAF, sin tener en cuenta el aporte de chatarra. Los cálculos se basan en las cifras del Rocky Mountain Institute (RMI), un centro de estudios estadounidense reconocido por su experiencia en la transición energética.
(7) “Backtracking on Climate Action: ArcelorMittal Corporate Climate Assessment 2025 Update, 2025”, Steel Watch, mayo de 2025.
(8) La fuga de carbono es el desplazamiento de las industrias emisoras de gases de efecto invernadero fuera de la UE con el fin de evitar someterse a normas climáticas más estrictas.
Este reportaje es parte de una investigación que fue posible gracias al apoyo del fondo Investigative Journalism for Europe (IJ4EU) y Journalismfund Europe.
Un proyecto de Late.