De Bangladesh a Italia por Rumanía: trabajos, asilos y estafas

Vinith en Milano, Piazza Duca d'Aosta. Foto: Filippo Poltronieri y Sebastian Viskanic
Vinith en Milano, Piazza Duca d'Aosta. Foto: Filippo Poltronieri y Sebastian Viskanic

Rafi acepta grabar la entrevista con la condición de que no salga su rostro.

La generación joven tiene la tendencia de irse al extranjero para buscar una vida mejor, para tener libertad. Nuestro país es musulmán. Yo creo en Dios, pero soy un musulmán moderado, no un creyente ferviente ni un extremista. Pero hay muchos conservadores. Y esta fue mi razón principal para dejar Bangladesh.

De adolescentes, Rafi y su primo soñaban con estudiar en un país angloparlante. Se imaginaban abrir un negocio, ganar dinero, obtener un visado y la libertad que vendría con ello: viajar, casarse. Seguramente tendrían que luchar al principio, integrarse, hacer amigos, pensaba Rafi, pero lo lograrían seguro.

No obstante, cuando Rafi cumplió 24 años ya se había resignado a trabajar como migrante en Rumanía y lo hizo con una sola seguridad: no ir a un lugar aún más conservador, como Oriente Medio, tal cual como lo hacen miles de sus connacionales cada año.

Yo decidí ir a lugares mejores, ver el mundo.

Tanto creyó en sus derechos como hijo del mundo, que pagó más de 10.000 euros para conseguir un empleo en una empresa de transporte llamada Soaca Expedition, incluyendo 8.000 euros de comisión cobrados por la agencia de contratación bangladesí, además de otros 800 euros que gastó para poder viajar a la India, el país más cercano que tiene embajada rumana y desde donde postuló para la visa. Según el contrato que le entregó la agencia a cambio del dinero, “intentaban conseguirle un visado”. El boleto a Rumanía no estaba incluido en este pago.

La última vez que Rafi vio al dueño de la agencia fue en el aeropuerto de Bucarest, al cual llegó para tomarse un video con los 20 muchachos recién arribados: Han llegado a Rumanía con visa de trabajo, posteó en las redes sociales de su agencia de reclutamiento.

Lo que no salió en las redes es que, una vez llegado, Rafi no encontró rastro de Soaca Expedition y, en su lugar, le dijeron que trabajaría para Prebet, un gran fabricante de cemento ubicado al otro lado del país.

Nos dijeron que teníamos que trabajar más de 12 horas al día, siete días a la semana, con solo medio día libre. Y nos exigieron los pasaportes.

Rafi se negó. Sabía de unos 30 migrantes que trabajaban allá. Algunos por más de un año sin una forma legal. Todos sin pasaporte, por un sueldo de 400 euros al mes. Entonces se fue a la Oficina de Inmigración para contar su situación y la respuesta de los oficiales fue: no sabemos qué hacer.

Casi siempre, las Oficinas de Inmigración no tienen solución para nada. Y mucho menos si las personas van solas, sin abogados o por lo menos un traductor que les permita entender algo de lo que pasa.

Si hubiera encontrado el trabajo que me prometieron, me habría quedado en Rumanía. Pero me quedaban dos meses más, cuando decidí escaparme a Italia. En ese momento, si no encontraba trabajo, me volvería ilegal. Ser ilegal en Rumanía es terrible; ni siquiera existe la opción de pedir asilo. Rumanía había entrado en Schengen hace poco y yo ni siquiera sabía cómo funcionaba el asilo ni nada de eso. Por eso estaba preocupado y me fui.

Prebet, la empresa de construcción que en 2024 obtuvo más de 1,2 millones de euros de financiación para mejoras de eficiencia energética industrial en el marco del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia de la UE (PNRR), no respondió a las reiteradas solicitudes de comentarios.

La agencia de contratación bangladesí que puso en Europa a Rafi, GEIS, afirmó que su papel se limitaba a tramitar la solicitud de visado y que su responsabilidad terminaba cuando los trabajadores llegaban a Rumanía.

Ni siquiera tengo comunicación con los trabajadores después de que llegan a Rumanía y se ponen en contacto con SAS Enterprise, porque ellos son el principal reclutador, yo dejé de colaborar con ellos, dijo el director ejecutivo de GEIS, Shahadat Hossainn. Sin embargo, esta declaración quedó contradicha por los mensajes intercambiados entre Hossainn, SAS Enterprise, Rafi y otros trabajadores migrantes en un grupo de WhatsApp.

Simina Sas, representante de SAS Enterprise, afirmó que se habían obtenido permisos de trabajo para todos los trabajadores que la agencia colocó en Prebet y que no había recibido ninguna queja.

Ante la pregunta específica por el caso de Rafi, Sas respondió: ¿Pasan cosas así? Siento oír eso.

Ioana Cimpan, administradora de Soaca Expedition, la empresa que figura en el permiso de trabajo de Rafi como su empleador rumano, dijo inicialmente que la compañía no contrataba trabajadores de Asia.

Sin embargo, cuando se le mostró el permiso de trabajo de Rafi, Cimpan amenazó con llamar a la policía y colgó. Soaca Expedition constaba oficialmente como una empresa con un solo empleado en 2024.

Rafi tiene razón: ser indocumentado en Rumanía es un infierno. Atados por los préstamos tomados en el país de origen, los migrantes llegan a trabajar bajo cualquier condición, acosados por el miedo de toparse con la policía y ser devueltos a sus países.

En los primeros diez meses de 2025, la Policía de Inmigración intensificó las actividades para prevenir y combatir la estancia ilegal y el trabajo no declarado en Rumanía. En ese período identificaron 2173 personas, emitieron 1907 decisiones de retorno voluntario con plazo de regreso de hasta 30 días y otros 590 fueron expulsados del país bajo escolta.

Georgiana Bădescu, de la ONG Centro de Recursos Legales, especializada en ofrecer asesoría jurídica a migrantes, recurrió a Facebook en noviembre para preguntar al Inspectorado General de Inmigración de Rumanía, GII, qué se estaba haciendo por las personas migrantes.

A veces me pregunto seriamente cómo cree el GII que estos abusos se resuelven mediante deportaciones. A los migrantes mantenidos en la economía sumergida se les “resuelve” con deportaciones. A los migrantes abusados se les “resuelve” con deportaciones. A los migrantes estafados y defraudados se les “resuelve” con deportaciones. Pero ¿están haciendo algo más por ellos? Sí, por ellos, no por los empleadores, no por ustedes mismos. Por las personas migrantes, escribió Bădescu. 

El GII sostiene que los retornos son un último recurso y estrictamente administrativos. Bădescu rebate esta afirmación y señala: En realidad, es prácticamente lo único que hacen una vez que alguien cae en situación de ilegalidad.

Una investigación publicada en 2024 por Rise Project reveló cómo miles de ciudadanos no europeos llegan a Rumanía y quedan abandonados por las agencias de reclutamiento que los transportaron. La investigación, además, descubrió que en estas redes de tráfico humano están involucrados exempleados de las estructuras del Ministerio del Interior, empresarios con antecedentes penales y hasta políticos.

Rumanía, al haberse adherido al espacio Schengen, permitió a Rafi comprar un vuelo a Roma donde le esperaba su primo. Una vez allí y con la ayuda de una ONG, se postuló para el asilo. 

Según datos de Eurostat, entre 2021 –cuando Rumanía abrió por primera vez sus puertas a trabajadores de fuera de la UE– y 2024, Italia pidió a Rumanía que tramitara 4415 solicitudes de asilo en virtud del Reglamento de Dublín, que obliga al país de la UE al que una persona migrante o refugiada entra por primera vez en el bloque a examinar su petición de asilo.

En el periodo 2015‑2020 solo hubo 211 solicitudes de este tipo, mientras que entre 2021 y 2024, Francia envió a Rumanía 5294 solicitudes, Alemania 6412 y Austria 5409.

La prensa rumana comenta que migrantes asiáticos migran hacía el oeste no solo por sueldos más altos, sino también atraídos por el encanto de aquellos países. No obstante, casi nadie habla de la decepción rumana: Una publicación Bengalí revela que de los 18000 bangladesíes que llegaron a Rumanía en dos años y medio, en mayo de 2023 quedaban apenas 6000.

Rafi, durante la entrevista en Roma. Foto: Filippo Poltronieri y Sebastian Viskanic
Rafi, durante la entrevista en Roma. Foto: Filippo Poltronieri y Sebastian Viskanic

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Rafi lo tuvo mucho más fácil que Chaminda.

Mi último trabajo en Rumanía fue en una ciudad cerca de la frontera con Hungría. Ahí, me puse a investigar cómo cruzar y encontré un río cuyas aguas pasaban por varios países. Seguí el río y llegué a una carretera grande, como una autopista, en donde abordé un autobús. Así llegué a Italia.

Chaminda tuvo que buscar una salida del país en 2022, un año antes de la entrada de Rumanía al espacio Schengen, cuando subir a un avión con pasaporte y permiso de residencia no era una opción. Lo común en aquel entonces era pagar hasta 4000 euros a un traficante con pasaba la gente en un camión: Yo no tenía ese dinero, así que tuve que usar mi conocimiento para llegar a Italia.

Chaminda vino a Rumanía a través de una agencia de Sri Lanka que le prometió cosas tan buenas que carecían de verosimilitud, empezando por un salario demasiado alto. 

Muchas veces, el conjunto de documentos que se envía para conseguir una cita para la entrevista de visado en la embajada incluye un contrato de trabajo diferente del que las personas migrantes firman al llegar a Rumanía. Y muchas veces ese contrato menciona un salario mucho más alto. Además, las agencias de sus países de origen les comunican el salario bruto, pero nunca mencionan nada sobre los impuestos en Rumanía, explica Mădălina Petre, experta jurídica especializada en reclutamiento y burocracia relacionada con migración.

Chaminda vino por un trabajo de ayudante de almacén, pero su sueldo era muy bajo, por lo que cambió de empresa en cuanto la visa mutó en permiso de residencia. En el segundo trabajo le fue mejor, pero solo por seis meses, antes de que la compañía empezara a atrasarse con los sueldos, hasta cerrar. 

Los trabajadores migrantes no solo dependen de su empleador, sino también de agencias de reclutamiento. Es toda una dinámica que está incrustada en el sistema. Obtener un aviso de trabajo de la Oficina de Inmigración es un proceso que cae completamente en las manos del empleador. Es él (o la persona autorizada) el que tiene que solicitar los 16 documentos y subirlos, uno a uno, a la plataforma gubernamental. Si no lo hace bien, la solicitud es rechazada y el plazo es de 90 días para que el migrante encuentre otro empleador antes de quedar en situación de estancia ilegal.

Ahora bien, durante todo este tiempo, el extranjero no tiene ningún acceso a su situación en la plataforma online. No sabe si sus documentos han sido presentados, si se presentaron a tiempo, ni si se presentaron de manera completa y correcta. Ni siquiera se le notifica personalmente si la solicitud de aprobación ha sido rechazada. Es decir, no tiene otra opción más que rezar y esperar a que haya caído en buenas manos.

Una investigación reciente muestra cómo redes de tráfico y estafa disfrazadas de agencias de reclutamiento conocen la impunidad con la que se tratan estás situaciones. Les cobran a los migrantes por el servicio y les prometen obtener sus nuevos permisos de trabajo, pero por debajo de cuerda hacen que sus solicitudes sean rechazadas, sabiendo que luego será muy difícil para un indocumentado buscarse justicia en una corte. 

No solo porque pagar un abogado les puede costar varios miles de euros, sino porque el proceso puede durar años en los cuales los extranjeros tienen que vivir escondiéndose, mientras trabajan en negro y viven con el miedo de una deportación. 

Cuando esta injusticia burocrática se presenta en conferencias de prensa o entrevistas con el Inspectorado General de Inmigración, la respuesta suele ser un encogimiento de hombros o un simple “no podemos intervenir en la relación entre empleadores y empleados”. 

De cualquier manera, las instituciones tienen la obligación de intervenir en cualquier contrato civil en caso de abuso.

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Rafi lo tuvo más fácil que Chaminda y Chaminda, por suerte -o atrevido-, la tuvo más fácil que Vinith que tuvo que cambiar de trabajo tras un conflicto con un compañero. Así, llegó a una pizzería donde estuvo por más de un mes, con la promesa de un permiso y un contrato.

Este tipo prometió pagarme el salario, pero me pagó sólo la mitad de lo prometido, mientras decía cosas como “El resto del dinero te lo pagaré el próximo mes”. Pero, sabes, realmente no me daba buena sensación este tipo, así que empecé a buscar otro trabajo, cuenta Vinith en la plaza del Duomo de Milano.

Cuando se fue de la pizzería le quedaba la mitad del tiempo. Empezó su período de prueba en una cafetería del aeropuerto, con la misma promesa de un permiso y un contrato. 

Después del período de prueba, me dijeron: “He tramitado tus documentos, pero fueron rechazados porque la fecha final de tu último contrato ya había superado los 90 días”. 

Es decir, el jefe había tramitado sus documentos demasiado tarde, sin decirle nada hasta que no le llegó la respuesta.

Fue entonces cuando comenzó para mí el verdadero problema.

Intentó arreglar el asunto con un abogado, pero el jurista le pedía 2000 euros sin garantía alguna.

Esto fue en 2022, cuando, así como lo explicó Chaminda, el método más común de abandonar Rumanía era en la parte trasera de un camión. Vinith consiguió prestados 2000 euros de un amigo de su papá que vivía en Italia, completó algo con lo que tenía ahorrado en Rumanía y consiguió el resto vendiendo algunas joyas en Sri Lanka. Así sumó los 4400 euros que le pedía el traficante por cruzarlo.

Emocional y mentalmente, era la primera vez que sentía como si estuviera viviendo una pesadilla. Nunca había hecho algo tan arriesgado en mi vida: si me atrapaban, me deportaban.

Mientras esperaba en la fila de camiones en la frontera con Hungría, escondido bajo un colchón en la parte trasera de un camión, Vinith sintió un miedo intenso y le pidió al conductor que lo dejara ir. Fueron unos minutos en los que su valor desapareció y el temor de ser atrapado y devuelto a la fuerza lo invadió por completo. Lo que le devolvió el valor de seguir el camino, fue la solidaridad con el conductor del camión: 

Me dijo algo así como: si tú te bajas y yo sigo y me atrapan, terminaría en la cárcel. Me contó que tenía tres hijos y que podría enfrentarse a cinco años de prisión.

En 2023, la Policía de Fronteras detuvo a 12000 personas que intentaban salir ilegalmente de Rumanía, es decir, un 93% más que el año anterior, cuando Vinith logró llegar a Italia.

Intento entender la necesidad de seguridad, pero al mismo tiempo debe existir un equilibrio cuando se pisan los derechos humanos. Lo he comprendido hasta este año y tengo mucha esperanza de que la legislación cambie. Rumanía se ha visto obligada, prácticamente, a marcar que enviamos al país de origen a la mayor cantidad posible de ciudadanos que están ilegales o indocumentados en el territorio, para cumplir con los requisitos de integración en el espacio Schengen. Para poder mostrar que sí, hacemos nuestro trabajo. Pero a mí siempre me ha parecido que este abuso del empleador es de alguna manera incomprendido por las autoridades rumanas, como una medida abusiva que viola los derechos humanos, explica Silvia Tăbușcă, profesora y directora del Centro de Migración y Derechos Humanos de la Universidad Rumano-Americana.

Por otro lado, comenta Tăbușcă, existen redes de crimen organizado que han trasladado decenas de miles de migrantes al espacio de la Unión Europea:

Para mí está muy claro que esto no sería posible sin algún tipo de implicación política, al menos a nivel local. Por lo tanto, mi percepción es que durante décadas, a nivel político y por parte de personas inteligentes, se han hecho enormes cantidades de dinero a costa de personas que, lamentablemente, pierden sus hogares, sus vidas y llegan a tener problemas psicológicos debido a promesas que no son cumplidas por las agencias de reclutamiento. Desde mi perspectiva, ellas son las primeras responsables y, en segundo lugar, están los empleadores.

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Italia es uno de los destinos principales para los asiáticos que tienen que escapar de Rumanía. El primer motivo son las comunidades ya numerosas de esrilanqueses y bengalíes que viven allá. En 2023, había 100000 esrilanqueses y más de 162000 bengalíes que residían legalmente en Italia, aparte de los migrantes de segunda generación.

El segundo es la política actual de Italia con respecto a las solicitudes de asilo. En teoría, la ley italiana dice que una demanda de asilo debería recibir respuesta en 60 días pero, por el arrebato del sistema, en realidad los procesos duran hasta cuatro años. Si el procedimiento no es finalizado en 60 días por culpa de la demora del sistema, el solicitante puede pedir el derecho de vivir y trabajar legalmente hasta que obtenga una respuesta. Es más, si se le niega el asilo, tienen derecho a hacer un recurso, que puede durar más años.

Pedir protección humanitaria en Rumanía no es una opción. De los 2467 solicitantes y las 1932 decisiones tomadas en 2024, el 62,5% fue rechazado. Los que sí recibieron alguna forma de protección provenían de Siria, Irak, Palestina y Sudán. Nadie de Bangladesh o de Sri Lanka.

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Mientras tanto, cada año en Bangladesh, dos millones de jóvenes deberían incorporarse al mercado laboral, pero para una gran parte de ellos el gobierno no es capaz de ofrecer puestos de trabajo, explica Shakirul Islam, representante de una organización que se ocupa de la reintegración de las personas trabajadoras migrantes que han regresado al país. En un país con una superficie cuatro veces menor que la de Francia viven 170 millones de personas. En 2024, más de un millón de ellas salieron de Bangladesh para trabajar en otro lugar. En la práctica, cada hora 150 personas abandonan el país.

Sirajul Amin, administrador de una de las principales agencias de contratación internacional de Bangladesh, ha abierto recientemente sucursales en varios países balcánicos: Albania, Rumanía, Serbia y Montenegro. Es muy consciente del problema al que se enfrentan las personas migrantes que entran en Europa con visado de trabajo y acaban en situación irregular:

La UE no puede detener esto porque es la propia UE la que invita a las personas “ilegales” al país. ¿Por qué? Primero: mano de obra barata: pueden explotar a las personas trabajadoras. Segundo: los impuestos, no hace falta pagarlos. Tercero: el gobierno no tiene que hacerse cargo de estas personas. Si están enfermas o se quedan sin trabajo, el gobierno no tiene que pagar nada porque no están registradas en el sistema. De manera extraoficial, todo el mundo está invitando a personas “ilegales”. Cuarto: nuestros medios de comunicación y las redes sociales hacen marketing para beneficio de otros países. Hace 20, 30, 50 años la gente se iba a Italia o Francia. Hoy en día, todos los países europeos están desarrollados. Tenemos que tener cuidado con los vídeos y los anuncios que producimos sobre otros países.

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Chaminda, hablando con los reporteros en Napoli, Piazza del Plebiscito. Foto: Filippo Poltronieri y Sebastian Viskanic
Chaminda, hablando con los reporteros en Napoli, Piazza del Plebiscito. Foto: Filippo Poltronieri y Sebastian Viskanic

Rafi trabaja actualmente en un restaurante de Roma, sin contrato laboral, y espera poder convertir algún día su solicitud de asilo en un permiso de trabajo en Italia. Esto no está permitido por la legislación italiana, pero él se niega a aceptarlo.

Chaminda vivió dos meses en Roma sin encontrar trabajo, así que decidió probar suerte en Bélgica. Allí encontró un empleo a través de una página de Facebook, pero pronto entendió que no le iban a pagar ni le iban a tramitar los documentos, por lo que presentó una denuncia contra su empleador y regresó a Italia.

—Cuando regresé, me fui directamente con uno de mis amigos en Sorrento. Hay muchos restaurantes allá donde la gente trabaja sin documentos.

El Instituto Nacional de Estadística de Italia estima que, en 2023, más de tres millones de personas, tanto migrantes como nacionales, trabajaban sin una forma legal en el país.

Chaminda ha recibido la cita para su solicitud de asilo. Con el documento que le dieron, se ha empleado legalmente en un restaurante.

Después de pasar casi dos años intentando hacerse la vida en Milán, pero apenas consiguiendo lo suficiente para vivir, Vinith decidió volver a Sri Lanka. Ya había pasado demasiado tiempo sin ver a su familia. Sin embargo, regresaría a Rumanía si tuviera la posibilidad.

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Así hablan algunos empleadores rumanos de sus empleados asiáticos: Necesito cien, doscientas máquinas, dos manos, dos pies, cuenta el administrador de una agencia de reclutamiento de Rumanía.

Entre 2021 y 2024, las embajadas de Rumanía otorgaron un total de 240.000 visas de trabajo. En noviembre de 2024, había solamente 98.000 migrantes registrados con permisos de residencia, incluyendo a los estudiantes internacionales.

En el caso de un improbable control por parte del Inspectorado Territorial de Trabajo, la multa que se lleva el empleador es de solo 2000 euros por persona empleada sin documentos, mientras que la sanción que se lleva el migrante es la deportación bajo escolta.—Si los países europeos no dejan de robarse trabajadores entre sí, este problema no se va a resolver. Debido a las diferencias salariales, están invitando a personas de países con salarios más bajos a países mejor pagados. La causa raíz del problema es que aceptan a personas en situación irregular, asegura Sirajul Amin.

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