Hay una situación humanitaria urgente en Gaza: publicamos una carta que nos llega desde allí y un contexto de lo que podría venir.
***
Nana Azayza tiene 35 años y vive en Deir al-Balah, una ciudad otrora repleta de playas y palmas datileras en el centro de la Franja de Gaza. Nana trabajaba como fotógrafa de bodas y ha capacitado a muchas mujeres en el campo de la fotografía para empoderarlas económicamente

Nana envió esta carta a Late a través de Daniel Wizenberg. Dijo que la escribe desde «el corazón del hambre, con un cuerpo debilitado, fuertes mareos y dolores de cabeza gracias a una anemia por desnutrición».
Carta desde Gaza
Trabajo en el campo de la fotografía y soy madre de cuatro hijos.
Antes solía capturar momentos de alegría en bodas. Hoy documento el dolor, el hambre y la destrucción.
Últimamente apenas tengo fuerzas para sostener mi cámara.
El agotamiento extremo se ha apoderado de mi cuerpo, no por enfermedad, sino por hambre. La falta de alimentos se ha convertido en nuestra realidad diaria.
Mi hija Diala tiene 10 años. Antes temblaba de miedo al oír los aviones y las explosiones.
Ahora, le teme a la nevera vacía.
Hace tiempo que perdió el apetito por el miedo, pero ahora, sin comida disponible, mi hija se ha convertido en una sombra: un pequeño fantasma que camina en silencio. Tiene los ojos hundidos, el rostro pálido y el cuerpo frágil… pero no se queja.
Es como si entendiera que nada va a cambiar, aunque llore.
Esta no es solo mi historia, es la historia de miles de madres en Gaza.
Estamos intentando sobrevivir, mantener vivos a nuestros hijos, en un momento en que no tenemos nada para darles de comer.
No pedimos lo imposible, solo pedimos que no dejen morir lentamente a nuestros hijos.
Nana Azayza
***
La situación humanitaria en Gaza es definida por la OMS como “una hambruna masiva provocada por el hombre”. La guerra ya se acerca a los 700 días, los muertos palestinos suman más de 60 mil y la desnutrición afecta especialmente a niños, mientras que los 50 rehenes israelíes -vivos y muertos- siguen aun en manos de Hamás. Frente a este escenario, las voces que definen la actuación de Israel en el enclave palestino como un genocidio se multiplican, incluso dentro del país de mayoría hebrea. Ligado a ese punto, se abre una pregunta sobre el llamado “día después” del fin de la guerra. Y como los deseos son muchas veces insondables, sería más pertinente detenerse en qué ha dicho, de forma explícita, Israel -su primer ministro, su coalición, los legisladores y su población- respecto a esos planes. No obstante, nada de esto lleva a una conclusión lineal, pero es clave conocer los planes que están sobre la mesa.
¿Qué dice su mayor aliado externo?
El regreso del slogan MAGA (Make America Great Again) a la Casa Blanca funcionó como una compuerta que dejó pasar incluso lo que era indecible en los planes de Israel para Gaza. Si bien el Gobierno de Joe Biden no había limitado los planes del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, -algo que por ejemplo quedó expuesto cuando el demócrata dijo que su línea roja era el ingreso del Ejército israelí a Rafah, límite que Israel logró flanquear sin problemas-, la llegada del republicano habilitó planes explícitos para el enclave.
En concreto, el 4 de febrero, Trump proyectó sobre Gaza lo que llamó la “Riviera de Medio Oriente”, un plan que sonaba más a emprendimiento inmobiliario antes que a una solución política para un conflicto que lleva más de siete décadas. El anuncio se produjo durante una visita de Netanyahu a Washington. “Estados Unidos tomará el control de la Franja de Gaza y nosotros también haremos lo que esté a nuestra mano. Seremos dueños de ella y responsables de desmantelar todas las bombas peligrosas sin explotar (…) de nivelar el terreno y deshacernos de los edificios destruidos. Crear un desarrollo económico que genere un número ilimitado de empleos y viviendas para la gente de la zona (…) Simplemente no podemos volver atrás”, dijo y luego agregó:
“Tomaremos esa parte y la desarrollaremos, creando miles y miles de empleos”. Sobre los palestinos que viven en Gaza, aquellos que “tuvieron muy mala suerte”, afirmó que podrían vivir en otros lugares: “deberíamos ir a otros países interesados con un corazón humanitario, hay muchos de ellos que quieren hacerlo, y construir diversos territorios que finalmente serán ocupados por los 1,8 millones de palestinos que viven en Gaza, poniendo fin a la muerte, la destrucción y, francamente, a la mala suerte”. Además, este desplazamiento forzoso, “podría ser financiado por países vecinos con gran riqueza”.
Foto: Alejandro Saldívar
Luego aseguró que Israel le entregaría Gaza a EE. UU. al final de la guerra, y unos días después, amenazó con cortar la ayuda a países árabes como Jordania y Egipto en caso de negarse a apostar a ese proyecto. En mayo reiteró, ante un grupo de funcionarios y líderes empresariales en Qatar, su idea de hacerse con el control del territorio palestino: «[Tengo] conceptos para Gaza que me parecen muy acertados: convertirla en una zona de libertad y permitir que Estados Unidos intervenga».
Antes de volver a la presidencia, en octubre de 2024, Trump ya había dicho en una entrevista radiofónica que Gaza podría ser “mejor que Mónaco” si se reconstruyera de la manera adecuada. Algunos analistas consideran que son posiciones maximalistas de Trump para forzar a Hamás a negociar. Sin embargo, es necesario atender a lo que dijo y continúa diciendo sobre Gaza el principal aliado de Israel. Y, en igual medida, es clave atender a lo que no han dicho: Trump no presentó un plan alternativo para “el día después” e incluso, este 28 de julio, su administración volvió a bloquear un debate en torno a la histórica propuesta mayoritaria en los países miembros de la ONU de crear dos Estados, -uno israelí, que ya existe, y otro palestino-, cuando el Departamento de Estado tildó de «improductiva e inoportuna» la conferencia, organizada por Francia y Arabia Saudí en la ONU, para debatir ese tema.
Desde entonces, funcionarios de la administración republicana hicieron declaraciones que profundizaron la idea de los emprendimientos inmobiliarios en Gaza; el enviado especial de EE. UU. para Oriente Medio, Steve Witcoff se refirió a una convención de desarrolladores inmobiliarios para hablar del enclave y luego insistió en esa idea. Dijo que la reconstrucción no puede cumplirse en 5 años, sino que “es fácilmente un plan de 15 años, y podría extenderse hasta 20 o 25” y si bien negó que se trate de un “plan de desalojo”, se preguntó si los gazatíes estarían dispuestos a esperar ese tiempo hasta la “reurbanización” del enclave o sería mejor hacerlo en otro lugar.
El yerno de Trump y ex promotor inmobiliario Jared Kushner, quien fue también enviado especial para Medio Oriente durante el primer mandato de su suegro, ya había expresado sus deseos para Gaza y llegó a tildar al conflicto como “una disputa inmobiliaria entre israelíes y palestinos”, en un acto en Harvard en febrero de 2024.
«Hay una cláusula en la convención sobre el genocidio que es particularmente arquitectónica: ‘Someter deliberadamente al grupo a condiciones de vida que hayan de provocar su destrucción física’. Se aplica violencia al medio ambiente porque este es lo que mantiene la vida y, por lo tanto, la matanza es indirecta. Simplemente borrar Gaza y convertirla en una riviera es, en cambio, una forma de continuar la obra de destrucción mediante la construcción», explicó en febrero Eyal Weizman, fundador del grupo de investigación Arquitectura Forense y autor de Hollow Land: Israel’s Architecture of Occupation, un libro imprescindible sobre las colonias.
Foto: Alejandro Saldívar
¿Qué dice el primer ministro?
Netanyahu negó en reiteradas ocasiones que los planes de su gobierno tuvieran como meta para el día después de la guerra volver a instalar los asentamientos israelíes que estuvieron en Gaza hasta 2005, cuando se produjo el llamado “desacople” impulsado por Ariel Sharón. Sin embargo, los proyectos de Trump fueron totalmente respaldados por él, en febrero, durante una entrevista con Fox News: «No se trata de un desalojo forzoso (…) No se trata de una limpieza étnica. Se trata de sacar a la gente de lo que todos estos países (…) llaman una prisión a cielo abierto. El presidente Trump dice: ‘Quiero abrirles las puertas y darles la opción de reubicarse temporalmente, mientras reconstruimos el lugar físicamente y en términos de desradicalización'».
El propio partido de Netanyahu, el Likud, ya contemplaba la invasión en la guía de su fundación, donde se afirmó que “entre el mar [Mediterraneo] y el Jordán sólo habrá soberanía israelí”, un proyecto que continúa vigente, como se verá en los siguientes puntos.
¿Qué dice la coalición de gobierno y los legisladores?
Además de la habilitación externa que recibió Netanyahu, ahora que su supervivencia política depende del apoyo de ministros que integran el movimiento nacional colono que ocupa Cisjordania y Jerusalén Este, las presiones para reocupar Gaza son aun mayores. Sin embargo, estas estuvieron desde el minuto uno en que se formó esa coalición que llevó al ex primer ministro de nuevo al poder en diciembre de 2022, como se ve en los principios rectores de la alianza: “El pueblo judío tiene un derecho exclusivo e indiscutible a todas las partes de la Tierra de Israel [concepto bíblico]. El Gobierno promoverá y desarrollará el asentamiento en todas las partes de la Tierra de Israel”, esto es, incluidos los territorios palestinos ocupados. Desde el inicio de la guerra en Gaza, los ministros de ese movimiento, el de Finanza, Bezalel Smotrich y el de Seguridad Interior, Itamar Ben-Gvir, jugaron ese compromiso inicial para marcar su agenda y ahora que en julio Netanyahu dispuso la vuelta del ingreso de cierta ayuda humanitaria a Gaza, esos funcionarios que rechazan la decisión quieren una nueva tajada y, según informaron diversos medios israelíes como Times of Israel y Haaretz, permitirá la vuelta de los asentamientos judíos a la Franja.
Mientras que sectores de inteligencia y de las Fuerzas Armadas de Israel -incluso Sharon- leyeron el desacople de Gaza como una cuestión de seguridad para los israelíes, los colonos toman el 2005 no solo como un evento traumático, sino también como un error estratégico: su relectura es que allí comenzaron los problemas para su integridad. Para ellos, ocupar es estar a salvo.
También este mes, a 20 años del desalojo de esas colonias, Smotrich dijo que el reasentamiento israelí en la Franja es ahora un «plan realista» y agregó que no hicieron esta guerra “para transferir Gaza de un árabe a otro». Concluyó que «Gaza es parte inseparable de la Tierra de Israel». Días después, el ministro colono encabezó un encuentro llamado «La Riviera en Gaza: de la visión a la realidad», donde dijo que el Jefe del Estado Mayor del Ejército (FDI), Teniente General Eyal Zamir, le indicó días antes que Israel necesita anexar el norte de la Franja de Gaza por motivos de seguridad. La reunión tuvo lugar en el parlamento israelí, la Knesset, y asistieron otros ministros, legisladores y más líderes del movimiento.
En el círculo concéntrico de apoyos a la postura oficial, siguen los legisladores. Este julio, la Knesset aprobó por 71 votos a favor frente a 13 en contra una moción -no vinculante, pero simbólicamente relevante- que pide la anexión de Cisjordania. Este territorio ni está en guerra, ni es Gaza, pero traza un camino.
Foto: Alejandro Saldívar
¿Qué dice la población?
Y mientras que la población de EE. UU. reprueba en un 60% la ofensiva militar israelí en Gaza, en el país de mayoría hebrea las mediciones -con los reparos del caso- son menos alentadoras para los gazatíes. En junio, una encuesta aseguró que el 82% de los israelíes judíos apoya la expulsión de los palestinos de Gaza, un número que preocupa no solo por lo elevado, sino también porque muestra un crecimiento respecto a mediciones inmediatamente anteriores. Expulsar a los palestinos va en consonancia con la dilución de ideas alternativas de convivencia que dominaron otros momentos: según mediciones del Pew Research Center de febrero y marzo, solo el 21% de los adultos israelíes piensa que Israel y un estado palestino pueden coexistir pacíficamente, algo que representa el porcentaje más bajo desde que el instituto comenzó a hacer esta pregunta en 2013.
En tanto, lo inobjetable es que el territorio se volvió inhabitable y es un argumento para quienes tienen sus proyectos para “el día después” en Gaza. Y si a cada una de estas proyecciones -hechas por EE. UU., el gobierno de Netanyahu y sus aliados y toleradas por la mayor parte de la población israelí- no se observan alternativas viables de parte de la oposición interna, ni de los países de la región o extrazona, ni tampoco grandes movimientos de la ciudadanía en contra de esos planes: ¿por qué suponer que el camino no está en parte allanado para que estos, al menos en parte, se concreten? Y aun si no se consuma el plan de reasentar colonias israelíes en Gaza o el de EE. UU. de hacerse cargo de la Franja, la siguiente alternativa más lejana podría ser que Trump presione a países aliados palestinos para administrar, de algún modo, el territorio. Lo cierto es que en ningún caso Israel o EE. UU. ven en este momento que los propios habitantes de Gaza se autogobiernen