Un día en la casa del campeón africano

Fotos: Pancho Jauregui

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El segundo país de África al que pude viajar en estos diez años de seguimiento de fútbol africano fue Marruecos. En 2015 había estado en Senegal y tres años después fue el turno de Marrakech. Los Leones del Atlas -tal como se conoce al seleccionado marroquí- habían obtenido la clasificación a Rusia 2018 volviendo así al máximo evento futbolístico a nivel Mundial tras 20 años.

De Marrakech había leído que era conocida como la Ciudad Roja, pero al llegar me encontré con una ciudad mil colores. Por la gran variedad de especias en sus mercados, los mil aromas de sus callecitas y la variedad de tonalidades de sus telas y vestimentas. Tras unos días para conocer la Medina y la famosa Plaza Jemma el Fna, como así también varias mezquitas, fue el turno de cambiar de ciudad.

De Marrakech a Casablanca fuimos en tren, en un viaje que dura alrededor de cuatro horas en unos trenes de primer mundo. En el primer recorrido por las calles de la ciudad nos topamos, casi sin quererlo, con el Stade Ben Barek. Cerca de la zona portuaria y de la estación Gare Casa Port, el escudo del Wydad Casablanca destacaba en las paredes externas con sus colores rojo y blanco. No nos quedó otra alternativa que ver la forma de entrar a conocer el recinto, pequeño pero pintoresco.

Al consultar a unos chicos que andaban en las inmediaciones nos indicaron una escalera hacia abajo, donde funciona un estacionamiento. No convencidos, seguimos indagando hasta encontrar la entrada. Tras ingresar al hall enseguida aparecieron fotos de viejos planteles del Wydad y algunas más actuales de formaciones juveniles de la entidad.

En un salón vidriado tres hombres hablaban enérgicamente hasta que nos vieron. El más joven, con un conjunto deportivo rojo y las siglas WAC, salió a nuestro encuentro. Por suerte, hablaba bastante bien español y entendió nuestra presencia allí, no sin antes extrañarse por nuestro país de origen y el interés por el fútbol africano.

–Este estadio tuvo su época de esplendor en los años 40 y 50, en época todavía del colonialismo, cuando llevó el nombre de Stade Philippe pero luego quedó en desuso y hoy se utiliza para entrenamientos de algunas categorías juveniles del Wydad–, nos dijo.

Nos permitió ingresar a ver el estadio, tras superar una puerta de vidrio, con la condición de no pisar el campo de juego. El césped bastante aceptable me sorprendió, como así también ropa puesta a secar en las tribunas. ¿Viviría gente? Sin mucho más tiempo, nos despedimos de los amigos del WAC y seguimos el recorrido.

Con dos meses por delante para el inicio del Mundial, en los mercados callejeros de Marrakech y Casablanca se podía conseguir el modelo de camiseta que Marruecos había utilizado en las Eliminatorias y hasta tres o cuatro “supuestos” nuevos modelos mundialistas. “La oficial de Marruecos no ha salido todavía para evitar el plagio, ya que en los mercados las reproducen y las venden a menos precio. El marroquí es un mercado donde florece mucho el mercado de la imitación porque no hay leyes que castiguen eso. Por lo tanto van a tardar lo máximo posible antes de anunciar la camiseta”, me informó un contacto de la Federación Marroquí a mi paso por Casablanca. Al otro día, en un supermercado de la mítica ciudad, me encontré con tres modelos (blanco, rojo y verde) a 99.95 dirhams. “T-SHIRT MAROC COUPE DU MONDE 2018“, decía el cartel. Made in Morocco se leía en la etiqueta. Claro que sabía que ninguno de esos sería el uniforme de los dirigidos por Hervé Renard en su debut en el Grupo B ante Irán. Claro también que no pude evitar comprarla.

Según el diario local Al Massae, esta modalidad es muy común en Marruecos. En Casablanca hay muchas falsificaciones de indumentaria deportiva y han llevado, por ejemplo al Wydad -uno de los grandes de la ciudad junto al Raja-, a sufrir pérdidas millonarias en ventas.

A la vuelta del seleccionado a los Mundiales, hubo tres títulos que acrecentaron el gran momento del fútbol del país entre fines de 2017 y principios de 2018. En 2017, el Wydad había ganado la Champions al imponerse a Al Ahly (Egipto) quedándose con la competición por segunda vez en su historia tras el título de 1992. El mismo equipo, se quedó con la Supercopa Africana a principios de 2018 sobre el TP Mazembe al que venció 1-0 en el Stade Mohamed V. En el mismo estadio, unos días antes, Marruecos se había consagró campeón de la CHAN 2018, certamen similar a la CAN pero exclusivo para jugadores de las ligas domésticas.

Con este panorama, y teniendo en cuenta que siempre trato de ir a algún partido en los países que visito, comenzaron las averiguaciones para asistir a un encuentro de la liga local: la Botola Pro Telecom D1. Wydad Casablanca vs Olympique de Khouribga marcaba el calendario por la fecha 24.

Salimos temprano con mi novia rumbo al Mohamed V, donde el partido daría comienzo a las 18 horas. Tras pasar la zona de la medina de Casablanca, y después de caminar casi tres kilómetros, sobre el Boulevard D’Anfa empezamos a ver los primeros hinchas con las camisetas del Wydad. Íbamos en la dirección correcta.

“No hace falta que saques las entradas anticipadamente, llegas al estadio y las sacas en la zona de boleterías”, me había informado un colega marroquí en relación a los tickets para ver al Wydad, el campeón vigente africano por aquellos días. Sin embargo, al llegar a las inmediaciones del estadio advertimos que había controles policiales de acceso. ¡Y nosotros sin entradas!

Luego de ver como ingresaban algunos hinchas locales, consultamos a la gente del control entendiendo que no había más entradas. Cosa que me extrañó ya que el Wydad venía en mitad de tabla y no era un partido de primera línea. Por eso seguimos caminando por los alrededores hasta que en una esquina vimos a un grupo de hinchas y entre señas y una mezcla de francés y español entendieron que queríamos entradas. Llamaron a otra persona que se acercó y con una piedra escribió el valor de las entradas -más su comisión- en la calle. En total eran unos 220 dirhams. Como dimos el visto bueno buscó entre una de sus medias y nos dio las dos entradas.

Era temprano y faltaban dos horas para el arranque así que el ingreso fue tranquilo. Nos ubicamos en la platea techada y poco a poco se empezó a llenar.

Mientras esperábamos el inicio del partido me sorprendieron las diferencias en la tribuna con respecto a mi país. El lugar de los choripanes, las hamburguesas y las cervezas eran ocupados aquí por los Kit Kat, los chupetines y los vasitos de café. Cada hincha que llegaba a su asiento o traía un almohadón o algo para poner sobre su butaca o bien lo limpiaba antes de sentarse con alguna servilleta o papel.

Pronto los hinchas del Wydad le empezaron a poner color a la tarde-noche con sus cantos, sus banderas y coreografías en las gradas. Mientras que del otro lado, la mucho menos numerosa parcialidad del Olympique de Khouribga no se quedaba atrás.

Y aunque no es muy común ver jugadores argentinos en las ligas africanas, en este partido dos argentinos pudieron ver como un compatriota –Alejandro Quintana- se despachó con un doblete para el triundo 5-2 de los dirigidos por Faouzi Benzarti. Con la noche cayendo, y contento de mi segunda experiencia en un estadio africano, emprendimos el regreso.

*Esta crónica, cortesía de su autor, forma parte del libro Fútbol Africano. Crónicas, historias e investigación.