Agua que no has de beber

Tanto la cuenca Matanza Riachuelo, como las de Luján y Reconquista son el escenario en el que la región metropolitana de Buenos Aires proyectó su urbanismo. El crecimiento demográfico e industrial de los últimos cuarenta años hizo de las tierras y el agua un lugar contaminado. 

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En 1959, Beatriz Mendoza, de 3 años de edad, fue diagnosticada de tos convulsa. Su padre, preocupado por la salud de la niña, decidió llevarla a caminar a menudo por la ribera del Riachuelo en Dock Sud. A menos de 10 kilómetros de donde vivían, en el partido de Avellaneda. En el lugar había algunas plantas industriales pero la zona todavía era considerada por los lugareños como un sitio de aire puro. 

Beatriz mejora y las caminatas con su padre se pierden en el tiempo. En cuarenta años no volverá a pisar aquel lugar. 

Tanto la cuenca Matanza Riachuelo, como las de Luján y Reconquista son el escenario en el que la región metropolitana de Buenos Aires proyectó su urbanismo. El crecimiento demográfico e industrial de los últimos cuarenta años hizo de las tierras y el agua un lugar contaminado. 

En 2002, cuando Beatriz vuelve a la ribera de Dock Sud, lo hace particularmente a Villa Inflamable. Trabajaba en el Programa de Prevención de Adicciones de la Dirección de Salud del municipio de Avellaneda. Pasaron varios meses en los que fue y vino desde su casa en Wilde a la unidad sanitaria en Inflamable,  hasta que un día Beatriz acusa cansancio corporal.

Se llama astenia. Estabas como cuando estás por salir del trabajo. Como que no podés más.

Cada vez que contaba cómo se sentía, algún compañero de trabajo compartía síntomas con ella. Tiempo después, la jefa de la unidad sanitaria, que llevaba algunos años más en el lugar, les señaló alrededor: “Son ellas, las plantas industriales; el agua, el aire, todo está contaminado”. 

Pidieron ayuda en el municipio; pero nadie les contestó. Decidieron hacerse un estudio de toxicología en el Hospital Fernández de la Capital Federal. 

Menos dos personas, todos teníamos tóxicos. No era plomo (plomo tuve después, con los años), eran derivados de hidrocarburos por lo de la Shell. 

En cuestión de semanas todos renuncian; Beatriz también. Ninguno volverá al lugar, excepto ella. Al tiempo que deciden irse, inician una demanda judicial contra las cuarenta y cuatro empresas radicadas en el Polo Petroquímico de Dock Sud y contra los Gobiernos nacional, provincial y de la ciudad de Buenos Aires. Exigen resarcimiento económico por llevar tóxicos cancerígenos en la sangre y la reparación del daño colectivo: sanear por completo las aguas del río Matanza Riachuelo, así como todos sus afluentes. 

Trabajadores higienizan arroyo en Villa Inflamable. Foto: Acumar.
Villa Inflamable. Foto: Acumar.

La causa judicial duerme en algunos despachos, hasta que en 2006 toma vuelo y golpea la puerta de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Aquel año había comenzado con un agudo conflicto social en la provincia de Entre Ríos. Los ciudadanos cortaban la ruta nacional 136 para denunciar la contaminación que provocaría en el río Uruguay la instalación de dos fábricas papeleras en el país vecino. 

El entonces presidente argentino, Néstor Kirchner, dirá lo mismo cada vez que le pregunten sobre el tema: que no quiere conflictos y que lo ambiental es preocupación de todos los argentinos. Meses después, las aguas del área metropolitana volvieron a la gestión estatal, de la mano de AYSA Aguas y Saneamientos Argentinos S.A. luego de trece años de privatización y de ser considerada una comoditie; es decir, algo que se puede vender o comprar.

También en 2006 se promulga la ley nacional 26.168. Nace así la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo, el primer ente estatal interjurisdiccional que tendrá la obligación de sanear de forma íntegra la cuenca Matanza Riachuelo. Sin embargo, Acumar hará poco y nada de su misión, hasta que la Corte en 2008 falla en favor del agua y los obliga a asumir una responsabilidad mayor. También aclaran que la cuestión del resarcimiento económico, que Beatriz y demás demandados pedían, no sería competencia del alto tribunal.

—Fueron diecisiete los que demandaron; pero la causa siempre se conoció por tu apellido. ¿Por qué crees que el caso se construyó así?

Primero porque fui la última en presentar el documento de identidad. Después, no es que piense que uno viene a la vida para determinada cosa; pero un poco es mi rol. Se construyó así casi fortuitamente y también porque soy la única que siguió con el tema.

El fallo se hace realidad en 2008, dos años después de que la Corte lo tomara en consideración. Como resultado, los Gobiernos quedan obligados a cumplir con la demanda y generar políticas públicas de saneamiento integral en conjunto con otros entes públicos, como Acumar, que adquiere mayor peso en las decisiones urbanas. Las industrias radicadas en el Polo Petroquímico de Dock Sud también son condenadas y quedan obligadas a reubicar sus instalaciones o bien a reformular el tratamiento de los desechos que luego van a parar al río. 

Hubo acuerdos, como el del año 2017, entre la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo y BA Desarrollo (compañía del banco provincial), para otorgar créditos a las industrias allí radicadas a fin de que llevaran adelante un plan de adecuación para minimizar impactos ambientales. Al día de hoy muchas de ellas, Shell CAPSA por ejemplo, continúan siendo marcadas por la propia Acumar como agentes gravemente contaminantes.

Foto: Greenpeace.
Foto: Greenpeace.

Shell CAPSA es una de las cuarenta y cuatro condenadas. Filial argentina propiedad de cinco hermanos varones de apellido Götz. Según la revista Forbes, hasta 2020 eran dueños de uno de los cincuenta patrimonios privados más altos de Argentina. Además, poseen yacimientos petrolíferos en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut. Su única incursión en el mercado del consumidor final es la regalería Alparamis, ubicada en Barrio Norte, Ciudad de Buenos Aires. 

También figuran en el listado Daimler Chrysler Argentina S.A., filial de Mercedes Benz; Curtiembre Angel Giordano S.R.L. proveedores de Prüne, Lady Stork y Gravagna, dedicados a la venta de calzado y marroquinería. The Value Brand Company, que después pasó a llamarse Alicorp Argentina, también se encuentra entre los demandados. Después de P & G y Unilever, The Value Brand Company es la tercera empresa más importante de productos para el cuidado personal y del hogar en Argentina. 

Pasaron catorce años y Beatriz dice que descree de todo lo que tenga que ver con la cuenca. Durante mucho tiempo trabajó en el territorio desde la Dirección de Salud del municipio de Avellaneda, otro condenado en el fallo. Incluso estuvo a punto de trabajar en Acumar cuando comenzó una nueva gestión en 2020. Quería que Acumar tuviera una oficina que sirviera de articulación con los representantes barriales y de organizaciones civiles. 

Pero no me dejaban hacer esa tarea; me mandaban a trabajar en Salud y dejó de interesarme. No era lo que esperaba. Sigo vinculada; de hecho, me mandan fotos de “el paisaje emergente” y sí, puedo cortar el pasto, limpiar el espejo de agua; pero las condiciones de vida concretas de la gente no se resuelven.

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Casi un tercio de la población argentina vive en la región metropolitana de Buenos Aires, un área de 14 mil kilómetros cuadrados; lo que resulta en unos mil habitantes por kilómetro cuadrado. 

A la densidad poblacional se le suma una inestabilidad económica. Nunca se llega a sostener en el tiempo las obras públicas necesarias para satisfacer las necesidades básicas de los habitantes. La vida urbana es construida entre la improvisación, promovida por la necesidad y la relativamente poca importancia que se otorga al cumplimiento de la ley. 

Almirante Brown es uno de los partidos con mayor población del conurbano. Está compuesto por doce ciudades y medio millón de habitantes repartidos en 130 kilómetros cuadrados. Lo surcan cinco arroyos: Del Rey, San Francisco, Las Piedras, Galíndez y Las Perdices. 

El arroyo San Francisco es un curso de agua que pertenece a la cuenca Matanza Riachuelo y tiene una extensión aproximada de 15 kilómetros. Nace en Burzaco y termina en Bernal, en la bifurcación con el arroyo Santo Domingo. En algunas zonas se encuentra entubado, como en el Cementerio Municipal de Almirante Brown; en otras, está a cielo abierto. 

Buenos Aires: el anfibio de hormigón

El barrio 2 de abril, que también se llama San José, surgió en 1980 y tiene el arroyo San Francisco en sus venas. Al manejar por sus calles nadie puede estar del todo seguro de que después de una curva, no le impedirá el paso el paredón de alguna casa. 

Las casas se levantan sin más autorización que la que da el curso del arroyo. La necesidad le hace juego a la creatividad. Si el curso del arroyo, naturalmente, dobla, la vivienda, artificialmente, también doblará. 

A las familias del barrio popular 2 de abril las tuvo sin cuidado el no tener en su poder el título de propiedad que la ley exige. Construyeron sin que hubiera red de agua, red cloacal o recolección de residuos diarios. Al 2 de abril lo que le importaba era tener un lugar donde vivir; aun si a lo que hicieron la ley lo llame usurpación o “toma de terrenos públicos”. Después verían qué hacer con el servicio de agua y lo demás.

Como las obras públicas y el crecimiento urbano son asíncronas, la recolección de residuos no logra dar servicio al territorio por igual y se crean basurales a orillas del arroyo, en algún terreno todavía desocupado. Cada municipio se encarga del problema según sus particularidades; pero es usual que existan encargados municipales que supervisen los arroyos para que los basurales no alcancen grandes dimensiones. 

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Es otoño pero la tarde parece de verano. Cada vez que bajamos del auto a observar de cerca el arroyo, deseamos volver a entrar y seguir camino. El olor que expide el agua es insoportable, Cossío señala islitas de residuos que flotan. 

—¿Viste el documental Isla de Plástico? ¿No? Lo tenés que ver. Arrancan acá. 

Se calcula que son cinco las islas de plástico alrededor del mundo. La más grande se encuentra en el Océano Pacífico y mide 1,8 millones de kilómetros cuadrados, poco más de la mitad del tamaño de Argentina. 

Tomás Cossío vive en Almirante Brown y es supervisor de basurales de la municipalidad. Entró a trabajar en 2015 y para él el futuro es “negro petróleo y negro caucho”. Siente que es un hámster dentro de una rueda: cada vez que limpia, después de una hora vuelve a haber basura. Sabe que la responsabilidad es del Estado, del que forma parte; pero también que los habitantes deben comprometerse con el cuidado de los arroyos. 

—Lo que necesitamos es ordenar la basura. Cuanto menos tiempo esté la bolsa de residuos en la calle, mejor es, porque evitamos y es feo lo que voy a decir que venga alguien, revise, tire lo que no le sirve y se lleve lo que le sirve. Ahí es donde se tapa la boca de tormenta, donde se genera un esparcimiento total de los residuos. Por eso es tan importante la separación en origen, y el compostaje, porque podés agarrar a esa persona que está revisando la bolsa de basura en la puerta de tu casa y decirle “no, mirá, acá ya está, es todo lo que te sirve para reciclar, no me revises la basura”. Pero por ahí, bueno, está buscando algo para morfar, qué sé yo.

Cossío maneja con la misma rapidez con la que habla. Es imposible prever sus giros, mientras nombra cada calle por la que pasamos. Dobla de pronto; no importa que la calle no sea más que tierra y pedregullo, quiere que vea  el estado real del arroyo. 

Yo porque soy de virgo, viste, mi cabeza funciona como un reloj, suelo aturdir a la gente, me dicen “míster intenso”. Este es un asfalto nuevo, esto es buenísimo, es la avenida República; es bastante importante. Esta es la avenida 2 de abril.

Las casas que maquillan las orillas del arroyo San Francisco parecen jugarle una apuesta al agua cada vez que llega la crecida: ¿Aguantará una vez más o se derrumbará por fin? Siquiera imaginar el fondo del arroyo es inútil. Con el paso del tiempo, cada vez que algo se ha arrojado al agua, se ha hundido hasta fusionarse con lo arrojado antes. Un sedimento de desechos. Los días después de lluvia, bajo cada puentecito se acumula un museo del plástico. En las orillas hay manchas negras del tamaño de un auto: les prenden fuego, luego los apagan, juntan el material que desprendió la carrocería y finalizan con la venta del rejunte por kilo. 

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Beatriz Mendoza sabe que tiene plomo en la sangre aunque hace años no realiza el testeo correspondiente. Continúa viviendo en Wilde, a 5 kilómetros de la ribera del Matanza Riachuelo. Sabe, además, que todos los días respira aire contaminado. 

—¿Te gustaría mudarte a otro lugar, lejos de acá? 

—¿En qué lugar de la república te podés ir a vivir? Vos escuchás ahora lo del litio, dicen: “Eso nos va a traer dólares”. Pero por qué van a hacer pelota un lugar como la Puna, van a ir a expropiar eso, que debería ser cuidado, uno de los lugares más hermosos del mundo. Por eso lo más esperanzador es la resistencia; por ejemplo, en Catamarca, contra la minería a cielo abierto. Hay que empezar a juntar a todas las organizaciones ambientalistas porque existimos un montón de gente haciendo cosas, pero no tenemos la oportunidad de encontrarnos. El día que nos encontremos las cosas van a cambiar.

En cuanto a la cuenca, Beatriz cree que no es momento de grandes sino de “pequeñas revoluciones”. 

—Tengo en el Facebook un tipo que tiene un grupo de repoblación de mariposas (Sergio Alejandro Méndez) y no me parece una cosa menor. Hay otro grupo que se llama EcoCirujeo, gente que encuentra cosas en la calle y recicla. Me encanta porque, por ejemplo, te ponen “CiruAlerta: en Corrientes y Boyacá sillón a la vista” y el que está más cerca lo va a buscar. Hay un montón de gente haciendo cosas, que sí, vos decís “son re chicas las cosas”; por eso hay que juntarse.

Cossío sí quiere irse del conurbano, sueña con vivir en La Cañada, en la provincia de Córdoba. Pero hasta que el sueño se cumpla, también opta por las pequeñas revoluciones. A la par de revisar basurales urbanos, trabaja junto a otras personas en Tracción a Sangre. 

—No hay mucha vuelta que darle. Voy a meterle un toque pero te quema la gorra, a mí ver a los caballos hechos mierda me quema la gorra. Podés tener una familia que tiene una yegua y que la tiene bien. Pero también tenés gente que tiene cuatro caballos y los alquila. Claro, te alquilo el caballo a vos, salís a laburar; después viene otro atrás y se lleva el mismo caballo. Y el caballo se termina muriendo. Porque levantan cartón, papel, aluminio pero por ahí entre medio de eso se encontraron un chasis de un auto. El caballo no está para estar tirando un chasis. Todavía no le encuentro la vuelta; pero por lo menos estamos acá tratando de ponerle un poco de onda.

Ochenta kilómetros de ríos y arroyos comprenden la cuenca Matanza Riachuelo, 6 millones de habitantes viven repartidos en catorce municipios. Mientras que la cuenca alta, alejada de la densidad poblacional, todavía guarda alguna característica de un ecosistema habitable por múltiples especies, en la cuenca baja el escenario es propio de un universo distópico.

Entre fábricas en funcionamiento, y otras abandonadas, las casas surgen desde el barro. En cualquier dirección que se mire habrá deshechos plásticos. Paredes derruidas por la humedad; niños que juegan y corren lejos del día en que tengan que empezar a trabajar; hombres de tez morena, piel gruesa y curtida, miran con desconfianza; mujeres de caderas anchas conversan entre ellas en el umbral de alguna puerta, también gritan porque “si no, nadie hace caso”; mientras los jóvenes se enamoran entre los carros con los que más tarde partirán a buscar residuos.

 

En 2021, el Dipló y Late lanzaron el taller de periodismo narrativo “Contar el mundo” con la participación de Leila Guerriero y destacadxs docentes. Este reportaje es uno de los trabajos realizados como parte de la cursada.
 

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