¿Qué cara poner cuando gana un tecnócrata outsider?

El contexto que llevó a Emmanuel Macron a la presidencia de Francia es el de la apatía popular y la crisis de la política tradicional. En este fotoreportaje, Hugo Passarello Luna muestra los rostros detrás de la elección. Retratos de una Francia que descree, que fantasea y teme al mismo tiempo con el populismo encarnado por Marine Le Pen. La Quinta República en días inéditos. Texto de Daniel Wizenberg. 

El camino de Macron al poder tomó un año cuando por lo general lleva dos o tres décadas. Ganó contra todas las autoridades políticas de la época: Nicolas Sarkozy, Alain Juppé, François Fillon, François Hollande, Manuel Valls, Marine Le Pen, Jean-Luc Melenchon. Tuvo, claro, el apoyo de Angela Merkel, quien ha tenido más influencia sobre Francia que el saliente presidente Hollande.

“Merkon”, como se lo embroma desde la izquierda, era el candidato que nadie esperaba en estas elecciones presidenciales de 2017. La colega Natalia Olivares escribió en RFI: “Era el candidato más atípico de la política francesa por ser el más joven (39 años), porque nunca tuvo un cargo de elección popular, no pertenece a ninguno de los partidos tradicionales y ha esculpido su imagen mediática y política a punta de rechazo rotundo a esos partidos”. Se jacta de no ser derecha ni de izquierda, porque descree de esas categorías. Fue el candidato del establishment, el beneficiado por la fractura del Partido Socialista, el mismo partido que lo hizo Ministro de Economía. El autor de propuestas para desregularizar el mercado laboral y reconfigurar el paradigmático Estado de Bienestar francés. El uso de la fuerza policial para aplacar el descontento popular se tornó una postal frecuente de las calles de París. La profundización del camino que comenzó como Ministro de Economía puede transformar a la ciudad de la luz en la ciudad de la furia.

¿Qué cara pusieron los franceses al enterarse que Macron era su nuevo presidente? Eso cuenta Hugo en esta fotohistoria.

Sobre El Autor

Hugo Passarello Luna

Vine a París por una mujer y además porque quería descubrir un idioma y una cultura. Todos los lugares tienen sus dificultades, uno siempre va encontrar problemas pero eso es parte de la vida, por eso vine. En este caso, creo que culturalmente tenemos cosas similares, y eso lo hace más fácil, la manera de relacionarnos, el humor, eso es fundamental. 
Por mi condición de periodista siempre busco contar historias que pasan cerca de nosotros, ahora son historias que pasan en París, pero siempre busco “lo argentino” en lo que intento contar.

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