“Yo no pensé en hacer moda. Yo pensaba en ver mi favela apareciendo y generando impacto. Deseaba eso para Jacarezinho, pero no imaginaba que yo fuese el agente transformador.  Existe un tipo específico de belleza femenina en la periferia, constituido de toda la mezcla de ese pueblo, de etnias que usted solo encuentra en la favela: la mayoría de nuestra población es negra, parda o indígena. ¡Esa es la belleza brasileña!”.

Júlio César Lima –fundador-socio de la agencia Jacaré na Moda.

Esta semana en la favela de Jacarezinho no hubo tiroteos ni muertes. Hace 32 grados al sol y hoy se filmará el video sobre la agencia Jacaré Moda. Helena, la directora de casting, lleva entre los dedos una percha con un vestido de seda rosa pantera. Camina mirando hacia adelante y conversa con las modelos que la siguen, a medio maquillar. El perro del vecindario va al lado, trotando. Una niña de siete años se atraviesa, las imita al andar y les dice que cuando sea grande quiere ser como ellas.

Caminan con pasos largos, llevan sus cabellos sueltos, rizados, trenzas africanas y labios gruesos. Uno de los modelos masculinos es albino. Las medidas de torso, cintura y caderas se ajustan al biotipo afrodescendiente; se ven más curvas que cuerpos rectilíneos, altos y planos. Todos deben cumplir con un requisito innegociable: para presentarse al casting de la Jacaré hay que ser habitante de la periferia, una condición que las top models Gisele Bundchen o Isabeli Fontana no tendrían.

En el trayecto hacia el set de filmación, el grupo pasa por escalinatas de concreto que unen veredas con calles estrechas, agrietadas. Hay mototaxis y bocinazos roncos; hay una iglesia de la Asamblea de Dios y siete señoras adentro que levantan las manos y cantan con el pastor; dos chicos sentados fuman en la puerta del almacén, un viejo carga un botellón de 10 litros de agua y cinco policías militares ocupan un contenedor blanco que dice “Unidad de Policía Pacificadora”.

Del 11 al 21 de agosto los disparos fueron incesantes aquí. Hubo enfrentamientos entre un operativo policial y supuestos narcotraficantes. Los vecinos bautizaron estas acciones como “operativos de venganza”: se cobraban la muerte de un agente civil a manos de los narcos y buscaban desmantelar el robo de cargas y tráficos de drogas. El exceso de balas alcanzó a los habitantes del lugar: ocho fueron hospitalizados y siete murieron, uno de ellos era vendedor de frutas ambulante.

La “ciudad maravillosa” pierde vidas mientras grandes cantidades de turistas la visitan. El Instituto de Seguridad Pública muestra que, entre enero de 2009 y julio de 2016, 2.713 personas fueron muertas por la policía. La mayoría en favelas, donde el riesgo de morir a tiros es tres veces mayor que en cualquier otra área de la ciudad. En todo el estado de Rio, entre 2005 y 2016, el uso indiscriminado de armas de las fuerzas de seguridad mató a más de 10 mil.

En medio de la crisis, todos los planes de Jacaré Moda se tambalearon. La oficina de 30 m2 en un edificio de la Asociación de Vecinos de Jacarezinho se vació. Por miedo a poner en riesgo a modelos y staff, se instalaron en un sitio llamado Malha, en el barrio de São Cristóvão. El corto que grabarían se retrasó. No sabían qué hacer y debatían junto al equipo de Papel & Caneta que vino a producir el filme.

Al filo de perderlo todo, Julio César –fundador de la agencia y habitante de la favela durante sus 41 años– apostó por seguir adelante para lo que él considera fundamental: transformar y capacitar. Abrieron en el sótano cursos de maquillaje y peluquería para la comunidad, y César encabezó una intermediación espontánea de alto riesgo: con su delgada contextura física y su voz gruesa, se fue a ver a los respectivos comandantes de la policía y del narcotráfico. Les pidió un alto el fuego.

–Somos mucho más de 50.000 habitantes y ustedes son una minoría de uno y otro lado. Tenemos una filmación y no podemos hacerla fuera de Jacarezinho. Por favor, paren, haremos un gran esfuerzo en este video para registrar nuestra identidad del lugar y nuestra moda –contaría Julio, cuatro meses después, ante un público de más de 80 personas en la fiesta de lanzamiento del filme.

Para él, “la operación militar de hoy no es más que la reproducción de lo que se hizo con los esclavos durante el Brasil colonial: a los negros se los mataba, como ahora”. Evoca que en la segunda mitad del siglo XVII grupos de esclavos fugitivos de grandes propiedades azucareras formaban comunidades libres y resistentes que llamaron quilombos. Mientras cuenta, canturrea a capela el samba Quilombo dos Palmares frente a las cámaras. Es un homenaje a los cerca de 30.000 habitantes que resistieron en 1680, bajo el liderazgo de Zumbi, a las tropas del gobierno, en las capitanías de Bahia y Pernambuco.

Este territorio de suburbio es tan grande como 95 canchas de fútbol. Conoce muy bien la violencia y de a poco recupera el ritmo normal después de días hostiles y calles desiertas. La gente sube y baja por las pequeñas y empinadas colinas, onduladas como el pelo de las modelos.

Lídia, la estilista pequeña y morena del MOOC –Movimiento de Observación Creativo–, maquilla a las mannequins. Está concentrada en sus propios dedos, mirando a través de las gafas de sol con diseño de corazón. Pasa el lápiz negro por el contorno de los ojos de Karina y dice que siempre es mejor pintar con luz natural. Las otras modelos esperan en fila, sentadas en las sillas de plástico del patio del vecindario donde vive Julio César. Al fondo, en la diminuta sala de estar de su casa, contigua a un gallinero, Julio y su socia Clariza terminan de separar las ropas por colores: blanco y amarillo para contrastar con las pieles negras. Azul y rojo en cortes amplios que se mezlcan en pollerones largos unisex, blusas con mangas anchas y pantalones tipo bombacho. Mucho de ese material es reciclado.

En la cocina, Adelia, su esposa, separa la borra del café que se tomaron y la mezcla con una pizca de aceite. Se la llevará en un platito a Lídia para que la use como exfoliante durante el maquillaje.

–No tenemos recursos para comprar cremas caras, así que usamos recetas orgánicas y naturales, reciclamos y aprovechamos lo que tenemos según nuestras posibilidades. Funcionamos de esa forma –dice Julio, y enumera las increíbles propiedades de la mayonesa para la piel seca.

Foto: Rodrigo Costa

Foto: Rodrigo Costa

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De portero en Copacabana a promotor de moda en la favela

“Quería mostrar a la mujer de favela, que tiene su propia belleza”.

Julio César Lima

Jacaré Moda comenzó hace 14 años, cuando Julio César era portero de un edificio del barrio de Copacabana. Allí tuvo la primera inspiración. En ese momento –como hasta hoy– contaba con lo necesario para vivir con su familia.

Un día el encargado de recoger la basura no fue. Le tocó a él embolsar todos los papeles que los vecinos habían tirado. Entre los desechos había magazines femeninas que Julio se puso a ojear.

–Era la década del ’90. Naomi Campbell visitaba mucho Brasil y era entrevistada por la prensa nacional. Siempre la fotografiaban rodeada de blancas y en una de esas imágenes me vino como un rayo a la cabeza: esa belleza negra no era diferente a la de una de Rio y de sus favelas. Me dije: ‘en estas revistas también debería haber negras nuestras, brasileñas’ –recuerda.

De todas sus contemporáneas, la modelo británica fue quien llegó a la tapa de la revista Vogue francesa en su época. Si vamos atrás, la década del ’60 había traído a la moda mundial a la estadounidense Donyale Luna, quien además de participar en el filme Satyricon, de Federico Fellini, apareció en una editorial de esa misma revista cubriéndose parte del rostro. La leyenda cuenta que los editores británicos le pidieron ese gesto para enmascarar parte de sus rasgos afro.

Todo parece indicar que el patrón de belleza europeo que marca tendencia mundial continúa vigente también aquí. Más del 77% de las modelos que participaron en la temporada de Primavera 2016 de Milán, Londres y París eran blancas.

–En Brasil, que tiene mayoría de población negra, tampoco nos vemos en las publicidades. Sigo observando que se elige un biotipo blanco, único y uniforme, hasta en productos de consumo popular para gente de la comunidad. Y también la favela está estigmatizada y provoca extrañamiento. Es una excepción ver que de acá salga un modelo negro –dice, señalando el televisor, donde aparece una publicidad de una óptica de marca popular con rostros y perfiles blancos.

Fue poco después de conocer a su esposa –una mujer de caderas voluminosas– que Julio César pasó a vender productos de belleza.

– ¿Siempre te interesaron la moda y la estética?

– Desde chico sabía combinar ropas y lo hacía con facilidad. En casa me pedían consejos para vestirse.

– ¿Te prejuzgaban por eso?

– Sí, pero no me importaba. Todos hablaban de fútbol y yo quería hablar de moda.

Foto: Rodrigo Costa

Foto: Rodrigo Costa

De sus 18 hermanos fue el único que se quedó en la casa y se ocupó poco a poco de ampliarla. Antes vivían todos en lo que es hoy el espacio de la cocina y el baño. Julio César acompañaba mucho a su madre. Buscaban comida en una comunidad vecina donde todos se ayudaban. De esa forma nunca faltaba.

Con el tiempo, siguió trabajando y conectándose con costureras y comercios de ropa de la región. Comenzó a dar clases de desfiles a chicas de la comunidad, visitando y haciendo relaciones públicas con las casi 400 tiendas de Jacarezinho. Un buen día organizó un gran desfile en medio del barrio.

–Estaba lleno de gente. Fue un éxito. Mujeres de nuestra comunidad con ropas vendidas en los comercios, recicladas, cosidas y recosidas. Esa es nuestra creatividad: recrear.

Como hay poco, se hace lo que se puede con ese poco. Y así continuó, hasta que vino el primer tropezón.

–Para un evento invertí unos 30.000 reales brasileños, que era todo lo que habíamos logrado recaudar. Tuvo mucha visibilidad y estaba feliz. Pero cuando volví a casa lleno de éxitos, me di cuenta de que no tenía 400 reales para ir al supermercado y alimentar a mi hijo Samuel.

En ese momento se detuvo a pensar hacia dónde ir. Dice que en eso Dios tuvo mucho que ver: “Me abrió la cabeza para planificar mejor mi vida”.

Al año siguiente, cuando ganó 30.000, separó 10.000 para mejorar su casa.

En su mesa de trabajo, junto a fotos, premios y agendas, apila un ejemplar de la Biblia. Pero Julio creció en el espiritismo por tradición familiar, siguió por el candomblé –religión afrobrasileña que viene de las raíces del Brasil colonial– y ya de adulto se volcó a las filas de la Iglesia Universal.

–¿Y cómo relacionas a Dios con la Jacaré Moda?

–Quiero que la gente crea en sí misma. Y no que sean solo mannequins que pasan un casting como un cuerpo bonito y atractivo; son jóvenes, son personas con sueños, muchos de ellos sin oportunidad en el mercado convencional de moda. Por eso tienen que valorarse desde su esencia, eso que llamo alma.

–¿Cuál es el mayor pecado para ti?

–La soberbia, en cualquier ámbito y de la forma que sea.

Hace más de dieciséis años que conoció a su esposa, con quien comparte la crianza del único hijo que tienen.

Ella, ahora sentada en el sofá antes de salir para su trabajo, le pasa cinta adhesiva a las suelas de las sandalias Ipanema para no gastarlas: es un préstamo de la marca, así que tendrán que devolverlas después de la grabación.

Lucas, el único rubio del equipo, asesor de prensa y uno de los cuatro socios de la agencia, entra a la sala para avisar que los camarógrafos acaban de llegar a la estación de metro Maria da Graça, colina abajo. Está casi todo listo para el montaje.

Foto: Phill Mendonca

Foto: Juliana Colinas

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¿Dónde están los negros en las pasarelas brasileñas?

A 430 kilómetros de Rio de Janeiro, se organiza esta tarde la edición 44 del São Paulo Fashion Week, uno de los megaeventos más concurridos de la moda internacional y nacional, después de Milán, Londres, Nueva York y Paris.

En Brasil, la falta de diversidad racial en sus pasarelas arrastra reclamos de sectores de la moda, modelos negros y críticas de algunos medios desde los años 2000.

–Sucede que la moda de São Paulo es diferente a la de Rio. São Paulo vende para el extranjero. Pero no carga el ADN brasileño –dice Raffa Campos, publicitario de la agencia carioca Aloha y colega da la Jacaré.

Y refuerza, detrás de sus grandes y rectangulares anteojos de marco beige, que todavía “hay una referencia aferrada a la moda de los años ’90, aún está en deuda desarrollar un concepto más moderno y referido a la idea de identidad y no solo de belleza física”.

Un ejemplo de eso es Nike. Tanto Raffa Campos como Julio Lima coinciden con la apuesta de la marca para acercarse a la periferia, identidad de género y racial, diálogo de igual a igual. C&A, Mig Jeans, Toulon, Dress to… son otras de las marcas brasileñas que crean personalidad en ese sentido.

Basta prestar atención a nueve revistas femeninas nacionales y notar que pocas tienen en sus tapas a mujeres negras. Fue recién en 2017 que las versiones brasileñas de Vogue, L´Officiel y Elle las mostraron en sus portadas. Y así por donde se mire: el sitio web del São Paulo Fashion Week presentó a las 25 modelos top. Habían seleccionado apenas dos mestizas, y entre los hombres, a dos negros.

Cuenta la periodista Alexandra Loras que en 2009, una promotora del Ministerio Público propuso “cuotas raciales” en las pasarelas de estos megaeventos. Hasta hubo un acuerdo que entró en vigencia estipulando que si la empresa organizadora no cumplía con el 10% de modelos afrodescendientes, habría una multa de 250.000 reales brasileños.

En la edición de 2017 hubo otro revuelo. La colección de la marca COVEN apostó a una producción de diseño de inspiración africana, pero trastabilló tanto en el desfile como en su comunicado de prensa y recibió una dura crítica por la falta de diversidad racial en la propuesta. Del total de looks que desfilaron, cuatro fueron mostrados por modelos negras. La estilista Liliane Rebenhy se enredó explicando que no pudo montar un casting mayoritariamente negro por falta de modelos de esa raza. 54% de los brasileños son afrodescendientes.

El 5 de agosto de 2016, el Estadio Maracaná celebró la apertura de las Olimpíadas. La ceremonia comenzó al compás del piano de Daniel Jobim, que interpretó la canción de su abuelo Tom Jobim Garota de Ipanema, ícono musical de la bossa nova carioca de los años ‘60.

Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça, é ela menina que vem e que passa no doce balanço, caminho do mar”.

La “garota” que caminaba por la pasarela de 128 metros, homenajeando a la ciudad del samba, no era otra que la brasileña de ascendencia alemana y top mundial Giselle Bundchen.

Africana y exótica son dos adjetivos que se asocian a modelos afrobrasileñas en la moda. Pasan a ser una excepción, anclada en un imaginario de algo lejano y tribal.

Camila Reis tiene 27 años y largas trenzas desde la raíz a la cintura. Es modelo de la Jacaré Moda, vendedora en una tienda de ropa de marca y estudiante de Marketing. Recuerda un supuesto halago que recibe a menudo, y que la decepciona una y otra vez: “¡Qué negra exótica, linda e inteligente eres!”.

–Me lo dicen como si esas tres características juntas fueran excepcionales en una mujer negra. La discriminación es sutil, pero está ahí. Si no fuese tan difícil para un negro entrar al mercado de la moda, no estaríamos aquí, ni resistiendo, ni peleando por desestructurar el biotipo de la alta costura internacional que Brasil reproduce. La generación de mi abuela, por ejemplo, incorporó ese discurso: ella me decía que cuando fuera grande, tenía que ‘blanquear’ a mi familia, o sea, casarme con un blanco, para tener chances y perspectivas para mí y mis hijos.

Muy probablemente la abuela de Camila sea hija o nieta de esclavos africanos forzados a desembarcar en alguna costa brasileña durante el coloniaje portugués. La Ley Áurea que abolió la esclavitud se firmó bajo el período del Imperio, en 1888. Han pasado 130 años. No es tanto tiempo, es un período similar a dos vidas de 65 años. Brasil fue el último del continente en dar ese paso.

Foto: Catarine Brum

Foto: Catarine Brum

La ley, si bien los liberó formalmente, los dejó vulnerables y librados al azar. De servir en casas de hacendados pasaron a ser subordinados de los mismos amos por simple necesidad: la única diferencia era no tener más título de esclavos. No tenían cómo estudiar ni emplearse, porque aún no eran reconocidos como ciudadanos ‘dignos’. Y hasta hoy, todo les sigue costando mucho más. La disparidad se fue resignificando y se expresa en indicadores socio-económicos: su remuneración sigue siendo menor. El salario de los blancos tiende a ser 80% más alto que el de negros y pardos. Por su parte las mujeres negras son las que se encuentran en el escalón más bajo de la pirámide salarial.

Alto y bonito es como halagan a Caio Guimarães, modelo masculino de la Jacaré que vive en Campo Grande, suburbio de Rio de Janeiro. Desde la Central do Brasil son 29 estaciones de tren. Se enrolla un collar que hizo manualmente con un cable USB, se arremanga los pantalones pescadores deshilachados que cortó y adaptó a su metro y 85 cm. Lleva zoquetes negros a los que les cosió perlitas plateadas alrededor. Era lo que tenía para hacer algo diferente y creativo. Abre una sonrisa por debajo de sus lentes redonditos tipo Lennon y dice que está muy feliz, que se siente una estrella entrando a la fiesta de lanzamiento del filme Resistance: Rio´s Differente Face of Fashion, recién editado y en el que Caio es protagonista. Después de pensar una anécdota que le pedí, me cuenta que era común escuchar de sus gerentes –en una casa de ropa donde trabajó en la zona sur de la ciudad– la sorpresa que les producía ver a Caio llegar temprano y en horario.

–Si es necesario, salgo a las 4 de la mañana de mi casa para llegar en punto y evitar comentarios del tipo “suburbano e impuntual, son todos iguales” –cuenta.

En la moda brasileña, la reivindicación por la diversidad racial y los prejuicios ya naturalizados van camino a una mayor visibilidad pública.

El rapper paulista Emicida, número uno de ese género musical, de letras comprometidas con la desigualdad racial, creó junto a su hermano la marca de ropa LAB, inspirada en la cultura hip hop. Tuvieron un espacio en este Fashion Week, desfilando una colección de sayas y pantalones, boinas, chaquetas holgadas en todos los tamaños, de extra-large a small; rostros negros y asiático-brasileños.

–Hoy el concepto de diversidad es cool en nuestro país. Tan cool como subir a la favela, hacer safari e ir a un baile funk –cuenta la estilista Lídia, que además de la Jacaré Moda asesora a LAB.

Y sigue.

–Puede parecer hipócrita que nosotros estemos aprovechando esta onda. Sabemos que es algo pasajero y que no va a transformar de raíz el problema racial de Brasil, que es dar oportunidades. Pero sí creo que esta onda tiene un nivel de influencia que por más hipócrita que sea, algo nos va a dejar –dice, mientras termina de aplicar exfoliante natural sobre el rostro de Karina.

La modelo sale del baño que está al final de la oficina de la agencia, envuelta en una bata blanca. Mira con los ojos negros y fijos directo a la lente del camarógrafo americano que ajusta la toma y sigue transpirando, a pesar del aire acondicionado.

Foto: Jacaré Moda

Foto: Jacaré Moda

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El caché de modelos de favela también vale

“Si te pareció lindo, paga. También es trabajo profesional lo que la Jacaré Moda hace”.

Julio César Lima

 Si el mercado en términos de diversidad todavía es algo limitado, no es difícil imaginar que también lo sean los números de la agencia. Por eso, todos los socios de la Jacaré tienen otras actividades o tipo de sustento. Ninguno vive 100% de ella.

Mientras una agencia de mediano porte como Aloha promedia 15 producciones al mes y factura unos 25.000 reales brasileños, la Jacaré Moda, con un plantel de 30 modelos hace 5 trabajos (contando fotografías, eventos y divulgación) y factura un promedio de 2.000 reales por mes. Sin embargo, en el fin del año 2017 el filme les siguió regalando visibilidad y nuevos augurios a nivel mundial: el 24 de diciembre pasado fueron la cara de un reportaje principal en Ela, el cuaderno de belleza del diario de mayor circulación en Brasil, O Globo. Y así también en la alemana Edition F y en los sitios AfroPunk y Paper Magazine.

El mayor porcentaje por producción va para los modelos contratados, y el resto para la productora e impuestos.

–Los valores que cobramos por fotos, books…, están por debajo del mercado. O sea, no podemos competir con las grandes agencias como Rio 40 Graus. Y ya nos ha pasado que cuando una marca nos contacta, lo hace pensando que va a encontrar cachés muy accesibles. Y muchas veces nos vemos en discusiones por sostener lo que cobramos; pero somos profesionales, somos una agencia y no una organización sin fines lucrativos. Hacer entender eso nos cuesta, como somos “favelados” se creen que somos más baratos –cuenta Helena.

Hace un tiempo –sigue diciendo– los invitaron a un desfile en una escuela de moda italiana en uno de los barrios más caros de la zona sur de Rio. Les propusieron un caché que no llegaba a cubrir ni el costo del transporte para los modelos de la Jacaré. No participaron.

–¿Algunas de las modelos han sido contratadas por agencias grandes?

–Presentamos sin éxito a una de nuestras modelos a una agencia grande en Rio hace unos años. Fuimos todos juntos para acompañarla. Era todo muy frío: la sala de espera, la distancia en el trato, con un espíritu que nos pareció impersonal y lejano.

Los castings de la Jacaré se realizan en un período de entre tres y seis meses. No usan patrones de medidas estandarizadas sino que evalúan la integridad de los candidatos: su postura, sus habilidades y lo diferente que pueden aportar al grupo. Las miradas tienen fuerza. Y quien observa, por momentos, se olvida de la indumentaria que llevan. Como si la actitud y la propia personalidad hablaran más fuerte.

–No queremos que sean modelos ‘percha’, unos anónimos de quienes cuelgan ropas. Queremos estimular la personalidad de cada uno de ellos, la autoestima, la identidad que los comunica.

Vitória Gribb, hija de un haitiano y una brasileña, es diseñadora de arte y ayuda con las redes sociales a la Jacaré. Como también es DJ en la fiesta de presentación del video, pasa música desde el entrepiso y saluda a los invitados pulgar para arriba y auriculares en las orejas.

Pedro Portella, el modelo albino, que no deja de tomar guaraná natural, es rapero y técnico en administración de empresas. Planea contribuir con la agencia desde la producción de su música. Y Karina Cabral estudia comunicación, es productora y asistente en cada evento junto a todo el staff. Camina chequeando a los invitados, con unas listas en las manos. Y así, cada uno aporta con algo, funcionan como funcionan en la comunidad. Esa es la marca de su personalidad, mostrar y valorar lo que desde la periferia representan: #modadelaresistencia.

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Sobre El Autor

Soledad Dominguez

Es de Buenos Aires y a los 30 años se decidió por lo que siempre había querido: vivir en el extranjero. Desde entonces vive en Río de Janeiro. Hace seis años que siguió por lo segundo que más quería hacer: escribir historias de gente que reflejan lo que nos pasa en Latinoamérica. Cree que esa es la única forma de sensibilizar y buscar un cambio. Desde Brasil, cuenta sobre temas de racismo, discriminación, género y salud reproductiva. Integra el equipo de trabajo de una Ong internacional de derechos humanos y como periodista independiente ha colaborado para Americas Quarterly, Página 12/Suplemento Las 12, Revista OCAS y ahora en Revista Late.

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