Tome con pinzas esta columna. Soy tan argentino como Héctor Cúper, eliminado con Egipto. Como Juan Antonio Pizzi, eliminado con Arabia Saudita, como Ricardo Gareca eliminado con Perú. No solo el peso, la moneda argentina, se devalúa. También nuestro capital simbólico: la idea de que nos la sabemos todas. Soy tan argentino como José Pekerman, complicado con Colombia y como Sampaoli en terapia intensiva con Argentina.

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La devaluación de Argentina

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Permítanme ser así de trágico. Eso es este momento para los que nos gusta el fútbol y nos alegra o deprime la vida lo que hacen 11 tipos por ahí: una terapia intensiva. Puede que los argentinos no sepamos tanto como decimos pero sí sentimos como parece. Este momento es ese en el que sale el médico, dice que es un cuadro complejo, uno lo veía venir pero no lo aceptaba hasta este momento. Uno ya está triste pero todavía no llora.

Pizzi y Cuper hicieron lo que pudieron. Gareca planteó bien el partido contra Francia. A Pekerman le cobraron un penal y una roja en contra a los 3 minutos. La diferencia entre Sampaoli y los demás es que el santafesino maneja una Ferrari. La está por chocar. En nombres y recursos este equipo no es menos del que llegó a una final del mundo y dos de América. Tuvo problemas para ganar las finales pero no para pasar primeras rondas.

Sampaoli, como el Bielsa versión Corea-Japón 2002, es un enamorado de los sistemas.La diferencia es que Bielsa testeó durante 4 años su idea antes de aplicarla. Sampaoli, improvisando, plantea esquemas rígidos que limitan la creatividad, la rebeldía y la libertad de sus jugadores. El fútbol es generación y aprovechamiento de espacios, lo que no puede hacer la táctica de un entrenador es complotar contra eso.

Todos nos preguntamos por qué Messi no le pegó al arco en todo el partido. Messi no es un caudillo. Es un crack, de los mejores de la historia, pero no es un caudillo. Le gusta jugar al fútbol no a los superhéroes. La culpa no es del que no es sino de los que le piden que sea lo que no es. Le pedimos rebeldía al que no es rebelde pero ninguno tuvo rebeldía. Un poco Acuña, un poco Pavón, un poco Mercado. Muy poco. Modric, la figura del partido, la estrella de Croacia, el tipo de jugador que Argentina no tiene, el autor del 2-0, dijo tras el partido: “Es entendible esto: Messi no puede solo”.

La Argentina está en coma pero no murió. Matemáticamente hay posibilidades aunque ya en el terreno del milagro. Se verá mañana, según el resultado entre Islandia y Nigeria (el peor resultado es que gane Islandia).

El trámite del partido fue muy igualado hasta el error garrafal de Caballero que le regaló el partido a Croacia. De hecho en el primer tiempo Enzo Pérez (otra contradicción de Sampaoli: Pérez no estaba en la lista hasta la lesión de Lanzini y de repente es titular) la tiró afuera con el arco libre. Y Croacia tuvo sus situaciones, aprovechando una defensa argentina blanda. Pero no tan blanda como tras el error de Caballero y el 0-1. Argentina se vino abajo tras ese golpe. El 0-2 y el 0-3 se olían en el aire. Si hasta Rakitic la reventó contra el travesaño en el medio de esa avalancha. Argentina pareció reaccionar en algún momento muy tibiamente: Dybala, Pavón, Higuaín lidiaron más con su propia impotencia que con la defensa croata que presionó y buscó el gol hasta el final. Fueron croatas con conciencia de la historia que estaban haciendo.

El mundial consiste en aprovechar las pocas situaciones que probablemente se presenten. Los que las aprovechan ganan y los que no, a la corta pierden. Si te atajan un penal, como a Messi contra Islandia. Si te regalan el arco libre y no convertís. Entonces, la eliminación estará a la vuelta de la esquina.

Claro que insulte a Wilfredo Caballero. Pero la siguiente vez que tocó la pelota, escuché que miles de hinchas argentinos lo abuchearon y sentí vergüenza. No del error del arquero sino de mis compatriotas. Luego Rakitic quedó tendido en el piso, visiblemente golpeado en el pecho, y los jugadores argentinos no la tiraron afuera para que lo atiendan. Y entonces la vergüenza se me duplicó. Verguenza, dice la Real Academia, “es la pérdida de dignidad”. Quizás los argentinos no sepamos tanto como decimos, pero no por los errores que puedan cometer Cuper, Pizzi, Caballero, Pekerman, Messi o Sampaoli sino porque silbar a uno de los nuestros cuando el partido no terminó y aprovecharse que un rival está en el piso es no entender nada.

El gol cuesta un Perú
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Perú lo intentó de todas las maneras. Por arriba, por abajo, por adentro y por afuera. Jugó como un equipo grande metiendo a Francia en su arco. Pero simplemente, como escribió Daniel Titinger en el New York Times, ese gol que buscaba Perú no existía.

Francia aprendió a ganar sin jugar bien: algo que hizo Italia durante toda su historia y que le alcanzó para ganar cuatro mundiales. Los galos, de la mano de N’Golo Kanté, un cerebro tan completo como lo era Andrea Pirlo en Italia, ya está en octavos de final y definirá con Dinamarca el primer lugar del grupo (aunque los daneses no están 100% adentro).

La eliminación de Perú en segunda fecha, por su parte, es como cortar una relación pero seguir conviviendo. Todas las ilusiones, y eran grandes, se fueron pero toca seguir un rato más ahí. Al menos, a diferencia de Argentina, nadie podrá reprocharle a Perú no haberlo intentado.

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Especular no sirve

Dijimos en esta columna ayer que a ninguno le convenía empatar y quizás por eso empataron. Empatar no era negocio pero perder era condenatorio. Las buenas negociaciones son aquellas en la que ambas partes salen perdiendo un poco. A la luz del resultado posterior entre Francia y Perú, sin embargo, a Dinamarca no le fue tan mal. El VAR volvió a ser protagonista: como en el partido contra Francia, Australia convirtió en un penal que cobró la nueva tecnología.

Australia ahora debe ganar a Perú y esperar que Francia derrote a Dinamarca. Los daneses tienen a un Eriksen encendido, digno heredero de Michael Laudrup. Todo un caudillo. Todo los que los argentinos le piden a Messi que sea.

Sobre El Autor

Daniel Wizenberg (Argentina, 1989) es capaz de comer medio kilo de dulce de leche por día y parrilladas de carne sin una hoja de ensalada, con algo de culpa porque en el fondo cree que los vegetarianos tienen razón. Dejó de viajar con mate después de las dificultades que tuvo en algunas aduanas para explicar que se trataba de una infusión y no de drogas -de verdad no eran drogas-. Nació en Buenos Aires, donde estudió Ciencia Política, donde rebota cada tanto y donde, sabe, siempre empezará y terminará cualquier viaje. Escribió para Revista Anfibia, Le Monde Diplomatique, El Mundo de España y Russia Today entre otros medios. También “trabajó” en televisión y radio. En 2016 un texto suyo fue seleccionado en los Premios Gabriel García Márquez de la FNPI -debe haber sido un error- entre los diez mejores de Iberoamérica.

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