La historia y la “chapa” de candidatos fueron un plus para Brasil y Bélgica. Los brasileños derrotaron a México 2-0 y los belgas ganaron 3-2 frente a Japón luego de ir perdiendo por dos goles.

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Historias de fondo

Esta vez México no lo perdió por no tener actitud ganadora. Hoy México lo perdió porque lo más probable cuando se juega en una instancia de octavos de final de Mundial contra Brasil es perder. Este Brasil no es el de Ronaldo, Romario, Ronaldinho, Rivaldo. Pero igual es Brasil. Hay chapas que pesan. Por algo México desde 1986 que no pasa de esta ronda y Brasil tiene 5 campeonatos del mundo en sus vitrinas.

Esta verdeamarelha es la de Neymar. Un crack único que busca consagrarse en este torneo consagrarse, que este sea su Mundial. El problema es que cree que actúa tan bien como juega. “Es una vergúenza para el fútbol tanta payasada” dijo super enojado tras el partido Osorio, el colombiano entrenador de México, sobre el 10 de Brasil. Neymar no necesita eso: elige intentar sacar ventaja con recursos que no tiene en vez de concentrarse en exprimir las habilidades extraordinarias con las que cuenta con la pelota en los pies. Algo de ese talento mostró hoy, a diferencia de la mayoría de los partidos de la primera ronda, y alcanzó para poner a su Selección entre los 8 mejores. 2-0 con un gol de él y  otro con su asistencia.

El problema de México, el salto de calidad que necesita, no está en los 23 jugadores que llevó, no está en este equipo. Viene de mucho más atrás. El problema de México está en la organización de su fútbol: tan atravesada por la corrupción y el libre mercado como su macroeconomía. México vive los Mundiales como su gente la vida: al día, haciendo más de lo que puede con lo que poco que se tiene. Este domingo, una mayoría inédita de mexicanos votó un cambio hacia la izquierda, harta de que todo lo maneje el mercado. Quizás sea hora de que el cambio llegue al fútbol si quieren llegar más lejos.

En la Liga de México eliminaron los ascensos y los descensos copiando el sistema de franquicias estadounidense donde el fútbol no está pensado para el desarrollo del deporte nacional sino como un mero negocio. El equipo que queda último debe pagar para no descender. Tampoco se fomentan las divisiones menores: la Liga MX está plagada de extranjeros y el fomento a los jovenes méxicanos es muy precario. Los equipos no son clubes sino empresas. Varios empresarios dueños de los canales de televisión con los derechos de televisión de la Liga son al mismo tiempo dueños de equipos de fútbol.

El problema de México es que no está pensado para todos los mexicanos: el 1 por ciento más acaudalado de la población mexicana posee la tercera parte de la riqueza del país. Ellos, los dueños del país, ya ganaron: les da igual que la Selección o las otras dos terceras partes del país ganen o pierdan.

Brasil, por su parte, tendrá un partido complicado contra Bélgica. Esta generación de brasileros se luce de a ratos y después aguanta los partidos. Si está a la altura de los que ganaron 5 copas, los belgas les darán oportunidades para lucirse. Si las aprovechan volverán a meter al scratch entre los 4 mejores del mundo. Nada ilógico.

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Fue lindo mientras duró

Bélgica fue el mejor equipo de la primera ronda. Japón, clasificando por tener apenas 2 amarillas menos que Senegal, fue uno de los peores en pasar de ronda. Uno era candidato irrefutable. El otro no tenía nada que perder. Entonces, el equipo más relajado presionó cada pelota que tocaron los belgas, aprovechó que los volantes ofensivos no tuvieron vocación defensiva, tomó los espacios y acertó al arco. En el primer tiempo no se habían podido sacar ventaja, en el segundo Japón se puso 2-0 arriba en 4 minutos: Haraguchi a los 48 e Inui a los 52.

Un viejo proverbio del fútbol afirma que el 2-0 es el resultado más peligroso de todos. Es que da una sensación de partido liquidado que relaja al que va por delante. Y si el que va perdiendo descuenta, su envión anímico lo lleva al empate. Y si empata su motivación lo catapulta a la victoria. El proverbio nunca fue comprobado científicamente, pero para Bélgica es verdad. A los 69 descontó Vertonghen, 5 minutos después empató Fellaini cabeceando entre dos japoneses y en la última jugada del tiempo reglamentario Chiadi la empujó tras una jugada vertiginosa con mucho toque de todo el equipo.

Los belgas, que parecían haberse asustado por su rol de grandes candidatos tras su buena actuación en el principio del torneo, al dar vuelta un resultado tan adverso se vuelven a posicionar. No solo juegan bien, sino que además saben jugar en las difíciles.

Japón vuelve a casa satisfecho con el torneo que hizo aunque con la amargura de sentir que estuvieron demasiado cerca de llegar más allá. Tenían ventaja: fue lindo mientras duró. Bélgica debe ajustar líneas y equilibrar el equipo: se acostumbraron a que no los ataquen y eso los desajustó en la recepción de los contragolpes. Una cosa es Japón. Pero Brasil, es Brasil. Que le pregunten a México.

Sobre El Autor

Daniel Wizenberg

Daniel Wizenberg (Argentina, 1989) es capaz de comer medio kilo de dulce de leche por día y parrilladas de carne sin una hoja de ensalada, con algo de culpa porque en el fondo cree que los vegetarianos tienen razón. Dejó de viajar con mate después de las dificultades que tuvo en algunas aduanas para explicar que se trataba de una infusión y no de drogas -de verdad no eran drogas-. Nació en Buenos Aires, donde estudió Ciencia Política, donde rebota cada tanto y donde, sabe, siempre empezará y terminará cualquier viaje. Escribió para Revista Anfibia, Le Monde Diplomatique, El Mundo de España y Russia Today entre otros medios. También “trabajó” en televisión y radio. En 2016 un texto suyo fue seleccionado en los Premios Gabriel García Márquez de la FNPI -debe haber sido un error- entre los diez mejores de Iberoamérica.

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