Este artículo forma parte del acuerdo de colaboración conjunta entre Revista Late y Open Democracy.

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Todo empieza con una historia de amor en tiempos de cambio. Entre los prisioneros de la cárcel colombiana La Picota, esta historia se basa en la vida de Laura, una mujer transgénero del barrio Santa Fe en Bogotá, una zona en el que las mujeres transgénero se encuentran confinadas a un contexto de pobreza y de supervivencia en la calle. La violencia estructural y la criminalización dan como resultado altos niveles de encarcelamiento de mujeres transgénero del barrio Santa Fe. En La Picota, Laura conoció a Jaime, un militante del Frente Armado Revolucionario de Colombia-Ejército Popular (FARC-EP). En la prisión, la pareja se enamoró durante el periodo inicial de los diálogos de paz en 2012.

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En La Picota, la relación amorosa entre Laura y Jaime empezó a llamar la atención de otros presos militantes de las FARC-EP. Dado que la gran mayoría de los militantes provienen de contextos rurales, religiosos y socialmente conservadores, ellos acusaron a su camarada Jaime de ser “un marica”. El romance de Jaime disminuyó el concepto de heteronormatividad de la masculinidad revolucionaria en su grupo y lo condenaron, lo llamaron un traidor y sugirieron que Jaime fuera expulsado de las filas de las FARC-EP. Luego de recibir muchos abusos, Jaime solicitó al secretariado de las FARC-EP que interviniera.

El clima político durante el inicio de las negociaciones de paz creó un contexto de reevaluación con respecto a la postura de las FARC-EP acerca de las personas con géneros y sexualidades no hegemónicas, así como sobre la presencia de las FARC-EP en la subcomisión de género en los acuerdos de paz abiertos como un espacio de reflexión. Además, la profunda capacidad intelectual de Jaime fue altamente valorada y su expulsión hubiera significado una gran pérdida. Debido a la confluencia de estos factores, las FARC-EP no expulsaron a Jaime, como sus camaradas insistieron; incluso cuando él formalizó una unión civil con Laura en La Picota. El secretariado de las FARC-EP circuló un comunicado en el que le solicitaban a los demás militantes presos que pararan el acoso contra su camarada Jaime.

Mientras tanto, la Red Comunitaria Trans (RCT) ubicada en el barrio Santa Fe tiene presencia en La Picota desde 2012. La RCT que fue fundada en 2012 por trabajadoras sexuales transgénero como una organización de la calle y transfeminista. Su misión es fortalecer las relaciones entre la población trans desde las calles, la academia, las organizaciones sociales, los proyectos comunitarios y las iniciativas estatales para luchar y defender las vidas de las personas transgénero. Como educadores comunitarios en el barrio Santa Fe con mujeres transgénero que ofrecen servicios sexuales, los participantes de la RTC comparten su conocimiento sobre defensa política, derechos humanos, salud sexual y reproductiva, seguridad y participación ciudadana. Para la RCT, las mejores herramientas para su labor son el arte y la cultura para promover el activismo y la defensa, debido a que les permiten un alto nivel de visibilidad e impacto social.

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Debido a la criminalización de prácticas de supervivencia de mujeres transgénero en Santa Fe, la mayoría de su población circula dentro y fuera de la cárcel. En este sentido, uno de los proyectos de la RCT llamado Cuerpos en Prisión, Mentes en Acción se desarrolla en La Picota. En este proyecto, la organización trabaja con mujeres transgénero, y hombres gay y bisexuales encarcelados para defender sus derechos debido a la violencia y al abuso constante por parte de los guardias y reclusos.

Laura participó desde el inicio en este proyecto. Sin embargo, la mayoría de los hombres en la cárcel que tienen relaciones sexuales y afectivas con mujeres transgénero participantes de este proyecto, no participan por miedo al acoso y discriminación. Laura solicitó permiso para que Jaime participara y él apoyó las actividades del grupo para la comprensión de las dinámicas de prisión y para aprender a navegar entre las infraestructuras, procedimientos y protocolos del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC). La RCT trabajó con otros defensores de los derechos de las mujeres transgénero para promover una adaptación del protocolo penitenciario a las necesidades de la comunidad LGTBI para que los reclusos usen los nombres que ellos eligieron, les autoricen su vestuario, productos y accesorios que expresen su género, así como continuar con sus tratamientos hormonales y brindarles atención médica especializada. Con el apoyo de reclusos (incluidos los militantes de las FARC), los empleados de la cárcel y un equipo de abogados, psicólogos, artistas y otros; la RCT creó una guía sobre los derechos de la población transgénero encarcelada.

De estas relaciones surgieron invitaciones para participar en actividades con las FARC-EP. Mientras que las iniciativas del Estado que incluyen una subcomisión enfocada en género en el acuerdo de paz y el interés de la sociedad civil por resaltar el rol de la población LBGTI en la construcción de paz, la población transgénero, incluidos los participantes de la RCT se consideran altamente excluidos. Los participantes de la RCT critican las organizaciones LGBTI no gubernamentales convencionales por mantener reuniones de alta sociedad y por producir informes sin acciones reales. En este contexto, la invitación de trabajar con las FARC-EP si bien es completamente inesperada y llena de incertidumbre, se convierte en una opción interesante que merece ser explorada. En vez de solicitar un lugar en la mesa LGBTI, esta oportunidad significó el rompimiento de un callejón político sin salida para trabajar en temas significativos por su lucha en otros espacios que les permitieran ganar una plataforma política y contribuir con sus esfuerzos a la construcción de la paz.

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Antes del acuerdo de paz firmado en noviembre de 2017, se realizó un referendo nacional sobre el previo acuerdo de paz en octubre del mismo año, el cual se rechazó por un margen estrecho de votos. En consecuencia, entre los muchos esfuerzos de la sociedad civil por apoyar el acuerdo de paz y expresar su indignación por el resultado del referendo, el grupo Solidaridad Jurídica que se dedica a la defensa legal en cárceles, invitó a la RCT a participar en una vigilia por la paz en las zonas de pre-concentración de las FARC en preparación para el proceso de desmovilización final con el patrocinio de las Naciones Unidas. En este momento extremamente delicado, las FARC-EP crearon un espacio de intercambio con la RCT. Lxs miembrxs de las RCT explicaron que se sintieron atemorizadxs, pero de todas formas aceptaron la invitación. Lxs miembrxs de la RCT describieron la recepción como abierta y curiosa. Las FARC-EP deseaban aprender, debido a su ignorancia sobre género y sexualidad. Al contrario del rechazo que lxs miembrxs de la RCT sienten en la mayoría de espacios sociales, las FARC-EP nunca lxs irrespetaron.

Este intercambio también significó una apertura y un proceso de aprendizaje sobre la perspectiva histórica de las FARC-EP y de la construcción de comunidades sostenibles. Asimismo, a estos intercambios formales se suman espacios de celebración que incluyen danza, humor y juego para romper las barreras. Jaime también los conectó con la posterior zona rural de normalización Antonio Nariño y han realizado cinco visitas desde febrero de 2017 con talleres enfocados en la expresión cultural, arte, danza folclórica y árabe.

Daniela Maldonado Salamanca, Directora de la RCT, afirma que cinco años antes de la fundación de esta red nunca hubiera imaginado que sería posible establecer una alianza con las FARC-EP. Sin embargo, los dos grupos comparten dos rasgos comunes: la vida clandestina y los elevados niveles de encarcelamiento por disidencia sexual/género y política. Los militantes de las FARC-EP cambian sus nombres para construir una identidad revolucionaria. Personas transgénero cambian sus nombres en relación con su transición de género. Sin embargo, si bien estas prácticas de cambios de nombre no son iguales, existe un proceso paralelo de construcción de identidad.

Marcha LGBT en Bogotá 2013. Foto: Diego Cambiaso (Flickr). Algunos derechos reservados.

La emoción, la expectativa y la esperanza de la promesa por la transición por la paz cristaliza esta poco probable alianza. Solo el tiempo dirá si esta alianza se mantiene a través de la formalización del partido político de las FARC. ¿Este periodo se convertirá en los orígenes de un nuevo Feminismo insurgente desde las márgenes que incluyen transfeminismos y transforma la subjetividad política y la ciudadanía sexual en Colombia? O ¿podría este periodo finalizar con otro ejemplo de “Pinkwashing”? En otras palabras, esta sería la instrumentalización de las agendas políticas de la población transgénero y grupos feministas de las FARC-EP para legitimar la formación de su partido político. Pese a la presencia del sector evangélico y conservador como un formidable enemigo de las FARC-EP y de la RCT, esta alianza se podría mantener durante y más allá de este periodo transicional. De todas formas, mientras que esta alianza brinde vulnerabilidad a las precarias vidas de lxs activistxs transgénero en sus asociaciones con las FARC-EP, esta situación también puede brindar una plataforma política significante para abogar por el reconocimiento y la defensa de los derechos de la población transgénero, así como para dignificar su existencia en la construcción de una “nueva” Colombia.

Sobre El Autor

Pascha Bueno-Hansen

Pascha Bueno-Hansen es profesora asociada de estudios sobre la mujer y el género y está afiliada al Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales y al Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Delaware.

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